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“Crece flujo migratorio en Darién. 2022 cerrará con 150 mil migrantes” (La Prensa, 2/9/2022). Así tituló recientemente el periódico panameño uno de los dramas humanos más peligrosos en la región de los últimos años: cruzar el “tapón del Darién”.

Es una inhóspita zona boscosa del país ubicada al oriente de Panamá y limítrofe con Colombia, que sirve de ruta de tránsito para miles de migrantes de diferentes nacionalidades cuyo destino habitual es: Estados Unidos.

Medios de comunicación panameños como internacionales informan cotidianamente sobre los peligros de la travesía con una duración de alrededor de una semana o más días, el dolor humano y la muerte de los que no alcanzan culminar el complicado trayecto.

Darién que ha sido noticia debido al flujo migratorio es una provincia panameña rica en diversidad biológica y cultural, este último aspecto por la presencia de poblaciones indígenas (Emberá Wounaan y Gunas), afrodescendientes e “interioranos”.

Es más, en tiempos de la conquista ruta para el “descubrimiento” del Océano Pacífico y el 25 de septiembre de 1513, fecha recordada en la memoria histórica de Panamá y como protagonista de ese evento de repercusiones globales: Vasco Núñez de Balboa, cuyo papel como héroe nacional del país ha sido cuestionado, en el contexto de la conmemoración del V centenario en 2013 y tras la caída de monumentos en distintos países, como ocurrió últimamente.

Así pues, en el proceso de creación de los imaginarios nacionales, el “descubrimiento del Océano Pacífico” sirvió para promocionar el mito nacional: Panamá como zona de tránsito, por sus conexiones internacionales y puerto de contactos múltiples.

De manera que, ese acontecimiento del siglo XVI se recuerda como un hito en la historia universal, especialmente, al forjar nuevos horizontes en la geografía y su impacto a la humanidad.

Hay que mencionar, además, bajo la denominación “Gran Darién” se nombra a una de las tres áreas culturales para el estudio de la arqueología panameña caracterizada por el predominio de “motivos plásticos o pintados en rojo sobre los policromados”, cuyas investigaciones enriquecen el conocimiento de las relaciones entre las comunidades prehispánicas y sus relaciones con Suramérica.

Esos aspectos dan cuenta de la importancia de Darién en el pasado de Panamá, sin olvidar que se considera uno de los “pulmones del continente”, al constituir el área protegida más grande de Panamá y Centroamérica, al ubicarse en su territorio el Parque Nacional Darién, creado en 1980, con unas 579.000 hectáreas, un activo nacional de Panamá que alberga flora y fauna excepcional, además, hábitat de la considerada ave nacional del país: el águila Harpía.

Por la calidad de la conservación de sus recursos (cobertura boscosa, agua y calidad del aire) esa zona protegida posee gran valor.

Según reportes de las autoridades que regulan los recursos ambientales panameños “la provincia que más áreas de bosques y otras tierras boscosas tiene es el Darién con 81% de la provincia y aporta un 13.1% de la cobertura boscosa del país, distribuidos principalmente en el Parque Nacional Darién”.

Historia ,diversidad cultural y riqueza natural conforman atributos de uno de los territorios de incalculable valor de Panamá. Más recientemente en las protestas de julio de 2022, se escucharon voces de esa provincia que exigieron, como el resto del país, más atención por parte del Estado a los problemas que les aquejan históricamente e integrarlos en los planes de desarrollo nacional.

Esa protesta social y el cierre de calles causó preocupación por el hacinamiento de los migrantes en Darién- en su tránsito hacia Centroamérica.

No obstante, siguen los reportes de los medios sobre la incertidumbre y los desafíos que tienen que superar los migrantes en esa “ruta de violencia y dolor” revelados mediante entrevistas de hombres y mujeres que narran su difícil experiencia (violencia física y sexual, asaltos y demás abusos), pero quienes deciden buscar una vida digna y mejores oportunidades por sus precarias condiciones sociales y la inseguridad en sus países de origen y el impacto de los desastres medioambientales.

Cifras de 2021 indican que aproximadamente unos 130 mil migrantes cruzaron por esta selva, de estos unos 19 mil niños.

Según datos de Naciones Unidas de 2022 indican que “el 58% de los migrantes son venezolanos, el 7,9% haitianos y el 5,2% cubanos, aunque hay personas provenientes de 50 países).

Dada la complejidad de este flujo migratorio, a finales del mes pasado, se efectuó en Panamá un encuentro de Defensores del Pueblo de la región y funcionarios de Naciones Unidas para discutir sobre el tema.

En ese evento se apeló a la voluntad política de los Estados para evitar la impunidad en las desapariciones de migrantes y una gira a la estación de recepción de migrantes en Darién (La Estrella de Panamá, 31/8/2022).

En tanto que, Alberto Brunori, un alto funcionario de Naciones Unidas explicó que “la falta de vías para una migración segura y regular y la falta de políticas migratorias basadas en los derechos humanos continúan agravando las condiciones de vulnerabilidad de las personas, forzándoles a una migración irregular por rutas más peligrosas y a recurrir a traficantes para poder migrar”.

Urge entonces un esfuerzo regional contundente para velar no solo por el respeto de los Derechos Humanos de la población migrante sino atender las causas de estas migraciones en el continente.

El famoso “tapón” del Darién, un territorio tupido y hermético, constituye todo un reto de supervivencia para las caravanas de migrantes desesperados del hemisferio (El País, 31/7/22), no obstante, una rica y olvidada provincia panameña que en su territorio alberga un parque nacional que recientemente celebró sus 42 de creación, y no menos importante declarado por la UNESCO Sitio del Patrimonio Mundial, en 1981, y como Reserva de la Biósfera, en 1982.

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