El Estreno Mundial De La Sonata Para Violín Y Piano, De Blas Galindo
Antonio Gómez Sotolongo
Especial para elCaribe
El 27 de septiembre se realizó un homenaje al Maestro Manuel Ponce en la estación X. E. W., en el que participaron la compositora Ruth Schoenthal, artista vienesa, entonces estudiante de la Real Escuela de Estocolmo, quien presentó una de sus obras sinfónicas, consistente en un concierto para orquesta, piano y violín, en el que actuaron al piano la autora, y en el violín el Maestro Rocabruna. También se presentó una artista conocidísima en México, a quien llamaban la «Chacha Aguilar», quien cantó obras de Ponce; la orquesta interpretó el poema sinfónico Chapultepec, de Ponce, y entre esas luminarias, yo. Toqué el arreglo para violín solo que le hizo Heifetz a la famosa pieza Estrellita, de mi amigo y profesor Manuel M. Ponce.
Allí, en la Orquesta Sinfónica de México, acompañé, entre otras luminarias, a Heifetz, a Rubinstein, o sea, fue mi primera experiencia, fue mi oportunidad de trabajar con los grandes del mundo. Por otro lado, hice una gran amistad con Blas Galindo, que era uno de los compositores del grupo de los siete más importantes que había en México entonces.
Ahí yo estuve trabajando con estas personas, estrené varias obras, entre ellas la Sonata para violín y piano de Blas Galindo, y tomaba parte en los conciertos de este grupo de artistas. En ese ambiente le dije a Chávez que quería ser solista con su orquesta y me fijó un concierto que estaba un poquito por encima de mis posibilidades, el concierto de Prokófiev, y no pude hacerlo, yo no estaba listo para eso todavía. Sin embargo, podía tocar con gran éxito otras obras. El 5 de octubre de 1945 me presenté en la Sala Schiefer, en un concierto en el que tomaron parte muchos otros artistas, y toqué Serenata Mexicana, de Ponce, con un arreglo mío. El concierto en general gustó mucho, y yo en particular tuve muy buena acogida. El 24 del mismo mes participé en uno de los Concierto del Conservatorio Nacional, correspondiente a la Temporada 1945, que se dedicó a obras mexicanas contemporáneas y fue en esa oportunidad que pude hacer el estreno mundial de la Sonata para violín y piano, de Blas Galindo, acompañado por María Elena Téllez Oropesa, pianista quien por entonces era novia del autor y a quien Galindo dedicó la obra. Aquel concierto me valió las críticas que todo joven que inicia su carrera quisiera tener, tuve la legitimación de dos de los críticos musicales más importantes de América.
(Mayer Serra. Mañana. Ciudad México. 10 nov. 1945). Carlos Piantini, es un excelente violinista dominicano, vino a México hace 2 años –tenía entonces 16-, con la sola recomendación de su talento […] El maestro Chávez le contrató inmediatamente –a pesar de su corta edad- para la OSM. Estudió al mismo tiempo con los maestros Smilovits y Szeriyng, y ahora se presenta –en una Sonata de Blas Galindo- como violinista acabado que mereció cálidos elogios por parte de los críticos capitalinos. Quisiéramos escucharle en un recital completo para juzgar su arte en más diversas obras de Repertorio.
(Adolfo Salazar. Novedades. Ciudad México. 1945). En las dos obras que el programa incluía de los compositores jóvenes más dinámicos en el plantel mexicano, Pablo Moncayo y Blas Galindo, intervino destacadamente un joven violinista dominicano que desde hace algún tiempo trabaja en el Conservatorio Nacional, del que ha de salir pronto bien pertrechado de laureles, para mostrar su gran talento y sus notorias cualidades de solista ante los vastos públicos.
Carlos Piantini con su apellido italianizante y su acento antillano lleva dentro de si un gran artista. Su juego es fácil; su sonido rico y voluminoso; su arco tiene amplitud y jugosidad. Canta con calor y pasión en las grandes frases. En los pasajes de agilidad, su técnica es limpia y brillante en su transparencia. Piantini debería mostrarse en algún programa donde se le pudiera apreciar, además, como intérprete. Ignoro en qué condiciones trabaja en México y si su país alienta que cuaje tan notable talento. Supongo que sí y es bastante.
México fue una experiencia maravillosa en mi vida. Yo tuve en México mis primeros contactos con grandes músicos. Nadie se imagina lo que significa para este hijo de San Carlos verse bajo la batuta de Stravinsky, haciendo la Consagración de la Primavera… Eso fue grande, yo me pellizcaba y decía que no era cierto. Lo mismo me pasó con Hindemith, y con Milhaud entre otros.
Pero estando en México también tuve la extraordinaria suerte de que la prensa de mi país me siguiera, que publicaran cada uno de mis pasos más importantes en el extranjero, lo que permitió a mis compatriotas seguir de cerca mi carrera. En Santo Domingo se reproducían muchas de las crónicas que publicaba la prensa mexicana sobre mis presentaciones, y eso fue muy bueno para mi vida musical en esos años.
(La prensa mexicana destaca la personalidad del violinista dominicano Carlos Piantini. La Nación. Santo Domingo. 11 oct. 1945). Sigue obteniendo éxitos y llamando la atención en los medios musicales mexicanos el violinista dominicano Carlos Piantini, quien se ausentó del país para ampliar en el extranjero sus estudios violinísticos. Piantini ofreció a sus compatriotas un magno concierto de despedida, interpretando el concierto de Mendelssohn con la O. S. N., dirigida por el maestro Enrique Casal Chapí. Ya entonces se advertía la fuerte personalidad del joven violinista, de quien ahora vuelve a ocuparse la prensa mexicana. En efecto, el importante diario de la capital azteca “El Universal”, se expresa en los siguientes términos acerca de nuestro compatriota:
Carlos Piantini, joven de 19 años, y que ocupa un atril de violín primero en la Orquesta Sinfónica Nacional, se inscribió –días pasados– al concurso para concertistas a que han convocado la Sociedad Mexicana de Conciertos, la Secretaría de Educación y la Sala Wurlitzer-Steinway.
Su amor a la música y su desbordante temperamento trajeron a Piantini desde su tierra natal, la República de Santo Domingo, a nuestro país animado de un gran deseo de superación, pues nuestro joven entrevistado desborda optimismo y pasión por el arte cuando habla de su carrera. […]
El 1 de julio de 1946, en el decimoctavo concierto reglamentario de la Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional de Música, de la Universidad Nacional de México, que se efectuó en la Sala de Espectáculos del Palacio de Bellas Artes, toqué el Concierto No. 4 Op. 31, de Vieuxtemps. En dos años había andado un largo camino. Este hijo de San Carlos se obstinó con hacerse un gran violinista y lo estaba logrando a pasos seguros.

Tomado de Los Sonidos y el Tiempo, las Memorias de Carlos Piantini.
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(**) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Licenciado en Música por la Universidad de las Artes de Cuba. Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana.
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