Miguel Rijo
Especial para elCaribe
La poesía de Manuel del Cabral (1907–1999) constituye uno de los soportes más destacados de la lírica social y afroantillana del siglo XX. Poeta dominicano, diplomático, narrador y ensayista, Cabral es reconocido por su capacidad de representar la condición humana del hombre negro y del trabajador oprimido con un tono profundamente simbólico y universal. En su obra, la negritud se convierte en metáfora de lo marginal, lo ancestral y lo cósmico, mientras que el racismo y la esclavitud adquieren dimensiones fantásticas que trascienden la mera denuncia social.
Durante la primera mitad del siglo XX, las Antillas vivían una transformación cultural marcada por los movimientos de la negritud y el realismo mágico, que reivindicaban las raíces africanas como fuente espiritual y estética. En este contexto, Cabral no solo denuncia la esclavitud y el racismo, sino que mítica y cósmica la figura del hombre negro, otorgándole un lugar central en el universo poético caribeño.
En los poemas de Cabral, el color negro deja de ser una marca de inferioridad para transformarse en sustancia cósmica: la materia de la tierra, la noche, el misterio y el origen de la vida. En “Aire negro”, por ejemplo, la negritud es una fuerza natural que se mezcla con el sol, el tambor y la selva. El poema describe un ambiente donde la música y el rito transforman la realidad:
“Sale ya del vientre del tambor la selva. / Ya la piel del toro muge en el tambor.”
Aquí, la naturaleza cobra vida de manera sobrenatural: la piel del tambor respira, la selva nace del sonido, y el cuerpo negro se convierte en una voz primordial. Este tipo de imágenes invoca un universo fantástico donde lo africano es un principio creador y no un elemento exótico.
Desde esta perspectiva, el “negro” no es solo un ser histórico, sino una presencia mitológica que representa el alma de la tierra. El sudor, la carne, la voz y la risa del negro aparecen como fuerzas que fertilizan y renuevan el mundo. Tal como afirma el crítico Franklin Gutiérrez (2008), Cabral “construye una ontología del negro como semilla cósmica, un símbolo del dolor que da vida”. En ese sentido, el racismo y la esclavitud se resignifican dentro de una cosmovisión poética donde el sufrimiento humano tiene valor mítico.
En “Negro sin nada en tu casa”, el poeta presenta al hombre negro trabajando en minas, plantaciones y campos, pero siempre sin tierra ni posesión. Sin embargo, el poema eleva ese sufrimiento a un plano casi mágico:
“Tu sudor tan antiguo, pero siempre tan nuevo, / tu sudor en la tierra. / Agua de tu dolor que fertiliza / más que el agua de nube.”
Aquí, el dolor del esclavo se convierte en un ritual de creación. Su sudor tiene poder sagrado: hace brotar vida donde antes había muerte. Desde la mirada fantástica, Cabral convierte la explotación y la injusticia en fenómenos casi alquímicos, donde el sufrimiento del negro engendra la fertilidad del mundo.
La esclavitud, por tanto, no es solo un hecho histórico, sino una maldición mítica que ata al negro a la tierra, al trabajo y al silencio. En “Negro sin zapatos”, la falta de calzado —símbolo de pobreza— se transforma en signo espiritual:
“Tú ganas diez centavos, diez centavos por día. / Sin embargo, tú las ganas tan limpias…”
La pureza del trabajador contrasta con la corrupción del mundo, creando una dialéctica moral que recuerda al realismo mágico de Gabriel García Márquez o Alejo Carpentier, donde la dignidad humana resiste las leyes de la opresión como una fuerza milagrosa.
Uno de los rasgos más fascinantes de Cabral es la animación fantástica del cuerpo negro. En “Aire negro”, el tambor se convierte en criatura viva y la mujer negra se funde con la selva:
“Sube por su cuerpo de bestia divina / fuerte olor a tierra. Su respiración / viene como un viento del ciclón del Cosmos.”
El cuerpo afrodescendiente no es carne degradada por la esclavitud, sino instrumento cósmico que comunica con las potencias del universo. La sensualidad, el ritmo y la danza son expresiones de una espiritualidad ancestral que desafía las jerarquías raciales.
En este sentido, el elemento fantástico aparece en la fusión entre lo humano, lo animal y lo natural, donde la frontera entre los mundos se disuelve. Tal recurso recuerda lo que Alejo Carpentier definió como lo real maravilloso americano, es decir, la percepción de lo sobrenatural como parte natural de la vida cotidiana del Caribe (Carpentier, 1949).
Mientras que otros poetas sociales se limitan a la denuncia, Cabral transforma el racismo en un mito de origen. En “Negro manso” y “Negro siempre”, el negro es presentado como símbolo de paciencia universal:
“Tú que siempre eres el grano que no siembran nunca.”
Esa semilla no sembrada representa el potencial eterno del hombre marginado. En clave fantástica, la injusticia deja de ser solo tragedia para convertirse en una profecía cósmica: el negro, aunque oprimido, contiene el ADN de la humanidad futura.
El poeta logra, así, una inversión simbólica: el color negro —asociado culturalmente a la oscuridad o al mal— se convierte en fuente de espiritualidad. Lo fantástico sirve para romper la lógica racista, revelando que el dolor tiene poder creador y que lo oscuro es el verdadero principio de la vida.
La poesía de Manuel del Cabral ofrece una lectura del racismo y la esclavitud que trasciende la historia y entra en el territorio de lo mítico. Desde una visión fantástica-realista, el negro aparece como entidad sagrada, raíz cósmica y símbolo de resistencia. La explotación y la pobreza se transforman en rituales de creación, y la música, el sudor y el cuerpo adquieren dimensiones sobrenaturales.
Cabral no se limita a denunciar: espiritualiza el sufrimiento y mítica la negritud, convirtiendo el dolor en fuerza generadora. En ese universo poético, el racismo no destruye, sino que revela la profundidad de lo humano. Su obra es, por tanto, un puente entre la realidad social caribeña y el imaginario fantástico de América Latina.
Como escribió Gutiérrez (2008), “en Cabral, la negritud no es un color, sino una eternidad”. Esa eternidad es la de los pueblos oprimidos que, a través del arte y de la palabra, transforman su dolor en mito y su esclavitud en canto.
Referencias:
Camacho, J. (2015). Manuel del Cabral y la poética del hombre antillano. Santo Domingo: Editora Nacional.
Carpentier, A. (1949). El reino de este mundo. México: Fondo de Cultura Económica.
Gutiérrez, F. (2008). La voz del negro en la poesía caribeña. San Juan: Editorial Isla Negra.
