El último profeta de Dios

Alrededor del año 630 tuvo lugar en Arabia Feliz un cataclismo de proporciones insospechadas: la llegada del islam. El islam fue algo disruptivo que nació en la región del Hiyaz, en el oeste de la península arábiga, entre La Meca y Medina. Es decir, en las vecindades de Arabia Feliz, en la misma región donde nacería Mahoma, el hombre al que los creyentes llaman «el último profeta de Dios». Un visionario que pondría parte del mundo patas arriba.

Cuando nació Mahoma —alrededor del año 570,—, la península arábiga era un mosaico de tribus, tanto nómadas como sedentarias, que muchas veces guerreaban entre sí. Aunque no formaban un Estado (con excepción de Arabia Feliz), tenían muchas cosas en común. Poseían una identidad cultural muy definida por el idioma, la estructura tribal y la poesía, que no era menos importante. Los árabes siempre han sido un pueblo de poetas, además de guerreros, y su legado literario es inmenso.

«El árabe clásico era el mayor orgullo de la península. Los poetas de diferentes tribus se reunían en ferias anuales (como el mercado de Ukaz) para competir».

Tenían en común, sobre todo, desde muchos siglos antes de la llegada del islam (en el denominado «Jahiliyyah» o «período de la ignorancia»), la veneración de la Piedra Negra de la Kaaba, que se encuentra en la ciudad de La Meca. Una piedra negra que, según la creencia, había descendido del cielo, posiblemente un meteorito o un fragmento de meteorito. Las mujeres árabes, por cierto, participaban en las peregrinaciones y ferias sagradas de La Meca durante la época preislámica y podían incluso, según su estatus social, ejercer el comercio.

Curiosamente, en las paredes de la Kaaba se colgaban, según se dice, las poesías ganadoras de las mencionadas competiciones anuales, algo que da una idea de lo mucho que se valoraban.

En la mencionada «edad de la ignorancia», alrededor y dentro de la Kaaba había unos trescientos sesenta ídolos, y quizás más. Había dioses tribales de mayor y menor jerarquía, así como pinturas y símbolos religiosos al por mayor y al detalle, entre los que no faltaban Abraham, Jesús y la Virgen María.

Las tribus de la Arabia anterior al islam, incluso las de la más avanzada y civilizada Arabia Feliz, eran politeístas y animistas, con un gran predominio del pensamiento mágico, la creencia en espíritus, portales hacia el más allá y genios malignos y benignos, que poblaban los desiertos, así como dioses solares y lunares.

Además, había comunidades de judíos y cristianos. Y en Arabia Feliz había templos que, a la vez, eran observatorios astronómicos mágico-religiosos. En esos lugares se practicaban sacrificios rituales y procesiones multitudinarias para garantizar el éxito de los cultivos. El pensamiento mágico estaba presente en todas las actividades (y en cada página de obras literarias monumentales como Las mil y una noches).

Algo de mucha importancia es que las guerras estaban prohibidas durante la época del año en que las tribus se congregaban en la Kaaba. Era un período de paz que se aprovechaba para purificar las almas, realizar acuerdos y dedicarse, eso sí, intensivamente al comercio.

La historia de la construcción de la Kaaba y de los muchos cambios que se le han hecho es fascinante y, además,sorprendente por su genealogía espiritual, descendiente de las tradiciones abrahámicas. Así lo cuenta Osman Nuri Topbas:

La construcción de la Kaaba

Osman Nuri Topbas: https://share.google/1td1haxwjazxMTIRd

Según una narración en libros religiosos, Adán (la paz sea con él) y Eva se separaron tras la caída, pero se reencontraron en Arafat y caminaron juntos hacia el oeste. Adán (la paz sea con él) oró a Alá pidiéndole que le devolviera el pilar de luz alrededor del cual lo adoraba en el paraíso. Tras esta oración, apareció el pilar de luz y Adán (la paz sea con él) adoró a Alá circunvalándolo. Este pilar de luz desapareció en tiempos del profeta Set (la paz sea con él), dejando solo una piedra negra. Sin embargo, Set construyó la Kaaba con la forma de un pilar de luz y colocó esta Piedra Negra junto a ella. Hoy en día, lo que conocemos como la Piedra Negra es esta piedra. Tras el diluvio de Noé (lapaz sea con él), este edificio quedó sepultado bajo las arenas durante mucho tiempo.

Más tarde, el profeta Abraham (Aleyhisselâm), por mandato de Alá, viajó a los alrededores de la Kaaba y dejó allí a su esposa Agar y a su hijo Ismael (Aleyhisselâm). Junto con su hijo, localizó los cimientos de la Kaaba que había construido Set (Sheed) (Aleyhisselâm) y la reconstruyó. Al terminar la construcción de la Kaaba, oró a Alá:
«Y cuando Abraham oró: ¡Señor mío! Haz de esta una región segura y concede frutos a sus habitantes, a aquellos de ellos que creen en Alá y en el Último Día» (Baqara, 2:126).

Como resultado de esta oración, podemos decir que en La Meca la mayoría de la gente disfruta de la dulzura de la fe, así como del buen sabor de los alimentos y las frutas.

La Kaaba ha sido reconstruida once veces. La primera vez fue construida por los ángeles. La segunda vez fue construida por Adán (Aleyhisselâm), la tercera por Set (Aleyhisselâm), la cuarta por Abraham (Aleyhisselâm), la quinta por la tribu de Amâlika, la sexta por la tribu de Jurhumî, la séptima por Qusai, el líder de los mecanos, la octava por la tribu de Quraish, la novena por Abdullah b. Zubair, quien vivió en la primera generación llamada tâbiûn, después de la muerte del Profeta (pbuh). Fue reconstruida por décima vez por Hajjâj el tirano y, por undécima vez, por el sultán otomano Murat IV.

De lo que carecían los árabes de la «edad de la ignorancia» era de unidad política y religiosa, con la mencionada excepción de Arabia Feliz, donde existía un Estado. Todavía en la época moderna prevalece el elemento tribal, cohesionado por un régimen policíaco marcadamente autoritario, en países como Arabia, Kuwait, Baréin, Catar y los Emiratos Árabes Unidos…

El sistema tribal era y, en algunos lugares, sigue siendo la base de la sociedad. La mayor lealtad de un individuo era hacia su familia y su tribu. Las tribus se peleaban por el agua, las rutas comerciales o los pastos y, sobre todo, por el agua. Cualquier motivo era bueno para que se enfrascaran en guerras locales. La religión, como ya se vio, era politeísta y animista.

Pero Mahoma y el islam lo cambiarían todo. Mahoma pasaría a la historia no solo como uno de los grandes creadores de religiones, sino como el unificador de un pueblo, el que sentaría las bases de una civilización que, en cien años, construiría un vasto imperio que se extendía por tres continentes, desde las costas del Mediterráneo hasta el mar de China.

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