Apuntes para una historia dela OSN (1941-2026)

La fecha 23 de octubre de 1941 es definitiva para la historia de la música en la República Dominicana. Nadie podrá olvidar que ese día se presentó al público la realidad viva y admirable de la Orquesta Sinfónica Nacional (La Opinión, 27 oc. 1941 pp. 1,3).

Cuando los lectores del periódico La Opinión leyeron la crónica que Alfredo Matilla comenzaba con este párrafo, no pudieron ni imaginar que muchas décadas después, la misma institución, entre la realidad y la quimera, continuaría su labor.

La realidad: Desde entonces y hasta hoy la Orquesta Sinfónica de la República Dominicana, se ha debatido entre la falta de un auditorio para ensayos y conciertos, de una nómina completa y de un salario que dignifique la profesión; pero, a pesar de esa realidad, ha sido capaz de producir obras artísticas altamente valoradas por el público y la crítica, ese muro de realidades no ha podido detener sus sueños.

La quimera: La necesidad que han tenido pequeños sectores de la sociedad de escuchar en vivo la música sinfónica que conocen por la radio y los discos, y la tozudez de algunos músicos –quienes insisten en presentar ante el público sus realizaciones artísticas incluso cuando las ganancias sean magras-, han constituido desde los primeros años del siglo XX el motor que ha impulsado las realizaciones musicales en la República Dominicana.

Antecedentes y precursores: Aquel lejano día 23 de octubre de 1941, en que la música sinfónica en Santo Domingo ascendió un peldaño más en la elevada cuesta hacia su inserción en la Cultura Nacional, tuvo sus antecedentes en intentos anteriores que por diversas razones no encontraron báculo para permanecer más allá de unos cortos períodos.

Octeto del Casino de la Juventud: Entre aquellas agrupaciones que se integraron a principios del siglo XX para promover y crear música, según todos los autores que estudian esta época, estuvo el Octeto del Casino de la Juventud el que, según nos dice Manuel Rueda (memorias de la OSN), convocó Juan Bautista Alfonseca Castillo y que comenzó su vida artística en 1904 bajo la conducción musical de uno de los mejores músicos de entonces: el maestro José de Jesús Ravelo (1876-1951).

El Centro Lírico Rafael Ildefonso Arté: Esta agrupación contribuyó en la misma época a echar las bases de la música sinfónica en la República Dominicana. Instituido en 1906 en Santiago de los Caballeros, fue dirigido primero por José Ovidio García (1862-1919) y posteriormente por Juan Francisco García (1892-1974) (Ídem p IV).
Por las mismas causas, muy probablemente, el Octeto del Casino de la Juventud y el Centro Lírico Rafael Ildefonso Arté, dejaron de presentarse en 1922, aunque durante los años siguientes aparecieron y desaparecieron diversas agrupaciones.

La Orquesta Sinfónica de Santo Domingo: Esta institución se estableció el 13 de febrero de 1932, y sus fundadores fueron; entre otros, Cándido Castellanos, Enrique Mejía Arredondo, Petronio Mejía, Guillermo Jiménez, Julio Alberto Hernández, Ninón Lapeiretta, Enrique de Marchena, Rafael Ignacio, Benjamín Pichardo, Guillermo Piantini y Ernesto Leroux (Ídem p V, VI).

La vida artística de esta orquesta fue relativamente corta, porque las quimeras de aquellos amantes de la música chocaron nuevamente con la real falta de presupuesto para realizar tantos conciertos como hubieran querido sus espíritus. Así, en 1941 se hizo el silencio de aquel nuevo intento por darle a la Ciudad Primada de América la música académica que algunos sectores de la sociedad y un pequeño grupo de instrumentistas y compositores estaban necesitando.

La institucionalidad y una nómina completa: Aquella Orquesta Sinfónica de Santo Domingo, aunque debió suspender sus actividades, estableció bases más ciertas para la formación de los músicos que integrarían después los atriles de la Orquesta Sinfónica Nacional. Pero además, la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo significó un paso más en la conformación institucional para ese tipo de agrupaciones en el país, porque se constituyó como una Asociación, con una Directiva encargada de administrarla.

Según el Acta de aquella primera Sesión, la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo integró el mayor número de instrumentistas que hasta ese momento había alcanzado una agrupación musical en el país: entre los miembros fundadores y la Directiva sumaban más de treinta (30) músicos.

Un auditorio para ensayos y conciertos: Pero además, fue en una de las sesiones de la Asociación en la que se propuso formalmente por primera vez la necesidad de construir un auditorio para ensayos y conciertos. Entonces, la Sinfónica realizaba sus ensayos en la casa No. 115 de la calle 27 de febrero (hoy calle El Conde), donde el maestro Cándido Castellanos tenía su residencia. Allí, además, tomaban clases los integrantes más jóvenes de la Orquesta, pero los conciertos era necesario realizarlos en otros locales, había que mover a los músicos y el instrumental, lo que por supuesto significaba un trastorno para la institución.

En la sesión del 12 de mayo de 1934, la Asociación acordó lo siguiente:

Preparar un plano del proyecto de auditórium de la Sinfónica para enviar una copia a varios filántropos de los Estados Unidos con objeto de ver si se obtiene una donación que permita realizar esta obra (Ídem p VII).
Desde su primer concierto, realizado el 12 de octubre de 1932 en Casa de España, según nos relata Enrique de Marchena (Apéndice a las Memorias OSN), el ojo del dictador Rafael Leónidas Trujillo les observaba, y en aquella primera presentación «logró la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo su primer grupo de buenos instrumentos obsequiados por las autoridades oficiales». Pero también estuvo presente la contribución del sector privado: en un gesto altruista el empresario Juan Bautista Vicini Perdomo cooperó con «un repertorio amplio y magnífico, aportando su costo en la casa Breitkoff und Hartel de Alemania y en Ricordi de Italia».

Pero la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo no pudo sobrevivir al medio, y aunque su paso por los escenarios fue relativamente corto, su experiencia planteó las necesidades que deben cubrirse para que una institución de este tipo se inserte en la sociedad dominicana: hace falta, además de un grupo de hombres soñadores, una realidad material que sustente sus obras. Desde entonces quedó planteado el problema y su solución.

Con estos antecedentes, el 5 de agosto de 1941, mediante resolución oficial del estado se ordenó la creación de la Orquesta Sinfónica Nacional, la que presentó su primer concierto del 23 de octubre del mismo año, y desde entonces hasta hoy, la institución ha sido la vía más importante para llevar al público el regocijo espiritual a través de la música sinfónica en la República Dominicana, incluso cuando se debate entre realidades y quimeras.

Autor: Antonio Gómez Sotolongo

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