Por Daisy Fernández
Especial para elCaribe
Sobre los Ángeles de Rafael Alberti fue publicado en el 1929. Es un libro de poemas que marca la inflexión en su poesía, influenciada por una profunda crisis personal y el surrealismo. La vida de Rafael Alberti estuvo caracterizada por una búsqueda constante de identidad, libertad y paz interior. Cada una de sus experiencias—la guerra, la pérdida, la distancia y la memoria—lo llevaron a escribir una poesía de inflexión, donde no solo cantaba, sino que pensaba, recordaba y cuestionaba el dolor, la incomprensión de la vida y del arte. Este libro representa el interior del autor y cómo después de sus crisis logra encontrarse consigo mismo.
Un elemento recurrente dentro de este libro son los ángeles, que constituyen una representación profunda del dolor, la angustia y lucha interna. Cada uno cumple una función esencial dentro de los poemas, y es descripto con adjetivos como “muerte”, “malos”, “buenos”, “crueles”, “turbios”, “coléricos”, “desengañados”, los cuales permiten que cada uno de los versos escudriñe ese sentimiento que el autor quiso expresar.
Todo esto refuerza la crisis existencial, el dolor, la lucha, la superación, el proceso terapéutico, temas elementales dentro de estos poemas. Cada uno de estos son tocados con el fin de presentarnos lo interior del ser y todo lo que este conlleva. El Alberti se vale del surrealismo para manifestar de manera profunda y significativa su mundo interior, invitándonos a mirar más allá de sus palabras. Las imágenes poéticas complementan lo expresado y refuerzan la visión de lo que habita dentro de la mente del autor: sus miedos, enojos, sus tristezas. Estos sentimientos reclaman fervientemente lo inconsciente y lo irracional, hacia esa voz interior que muchas veces escucharnos callamos.
La búsqueda eterna e incesante de existir puede verse vacía cuando no puede encontrase dentro de un espacio o tiempo determinado, derivando una desorientación existencial. Esta sensación se ve reflejada en la figura del ángel muerto, símbolo de pérdida o de una fe caída. Ya no existe una protección ni guía, solo existe la observación de lo que era y ya no es:
“A través de los siglos por la nada del mundo, yo, sin sueño, buscándote. Tras de mí, imperceptible, sin rozarme los hombros, mi ángel muerto, vigía”.
A lo largo de la lectura se perciben confusiones, desesperanzas, el vacío—otro elemento constante—, así como la soledad y la desolación espiritual. También se observa una contraposición, entre fuerzas negativas y positivas, y están son representadas por impulsos, emociones o pensamientos que invaden el alma. Sin embargo, al no ser atendidas dan cabida a una imagen interior llena de conflicto, perdida de la fe o claridad espiritual. Esto se evidencia en Desahucio:
“Ángeles malos o buenos, que no sé, te arrojaron en mi alma. Sola, sin muebles y sin alcobas, deshabitada. De rondón, el viento hiere las paredes, las más finas, vítreas láminas. Humedad. Cadenas. Gritos. Ráfagas”.
Asimismo, se manifiesta el anhelo por lo que fue en el pasado y ya no es. La búsqueda de la esencia disoluta se convierte en un martirio que indispone el ser. La búsqueda de la esencia que se encuentra inaccesible se convierte en un martirio que perturba al ser. Muchas veces deseamos recordar o ser recordados por algo significativo, preguntándonos con angustia: “¿Quién soy? ¿Qué era?”. Esas preguntas evocan sentimientos y formas de vida que ya no están y que, sobre todo, no pueden volver. Por eso Alberti escribe:
“Por las calles, ¿quién se acuerda? Zapatos son mis sandalias. Mi túnica, pan ro más transitable horizonte humano”.
El autor se valió de cada uno de estos elementos para mostrar su capacidad de transformar el drama personal en una obra universal y ejemplar. Sobre los ángeles es un grito de identidad, fortaleza, entrega, vulnerabilidad, remordimientos, desesperación. En varios versos, se nos muestra la destrucción total que se llevó todo lo puro que quedaba y por ello su alma se durmió en lo más profundo de su ser sin tener oportunidad de volver a despertar. Y no solo lo indica de esta manera, se vale también de la repetición para dejar claro la idea de una aniquilación completa englobando el alma, el cuerpo y hasta los sueños más profundos.
“Te dormiste. Y ángeles turbios, coléricos, la carbonizaron. Te carbonizaron tu sueño. Y ángeles turbios, coléricos, carbonizaron tu alma, tu cuerpo”.
Lo puro se manifiesta de manera incierta y casi ausente, pues ha sido invadido o apresado por fuerzas externas que han subyugado aquello tierno e indefenso que habita en el individuo. Esta situación se presenta mediante una voz poética que narra sin titubeos la realidad, describiendo cómo se llegó a este estado de fragilidad. No se trata solo de un daño simple, sino de un impacto repentino e invasivo que obligó a ceder ante una fuerza oscura, ya que había sido herida la parte más íntima, intacta y sincera del alma. En este contexto, la paz interior se desmorona y no queda nada, y con ella desaparece también la posibilidad de una armonía espiritual. Esto se percibe en Juicio:
“¡Oh sorpresa de nieve desceñida, vigilante, invasora! Voces veladas, por robar la aurora, te llevan detenida.
Ya el fallo de la luz hunde su grito, juez de sombra, en tu nada.
(Y en el mundo una estrella fue apagada. Otra, en el infinito.)”
Sobre los ángeles no es solo una obra poética, sino un viaje hacia el interior de las zonas más oscuras del ser humano. Rafael Alberti convierte su crisis personal en un espejo donde todos podemos reconocernos y observar detenidamente nuestro reflejo sin tapujos ni objeciones, en una exploración bastante desesperada de sentido frente al vacío. Sus ángeles no son simples seres celestiales, sino representaciones simbólicas de su propio sufrimiento, de la pérdida de la fe, del amor y de la ilusión. Cada ángel encarna un estado emocional y mental, una parte fragmentada del propio autor que se debate entre la razón y el caos, entre la espiritualidad y la desolación. Lo que es parte del trayecto de la vida.
Por medio del lenguaje surrealista, Alberti logra liberar su subconsciente y expresa, de forma intensa y emocionante, la angustia existencial del ser humano moderno. Las imágenes que utiliza son oníricas y perturbadoras desgarran con la lógica tradicional y muestran la vulnerabilidad del alma, la fractura de la identidad y la constante disputa entre la luz y la sombra. Así, el libro trasciende lo autobiográfico y se convierte en un juicio universal sobre el sentido de la existencia, el dolor, la culpa y la redención. Y esto hace que sea universal, pues son sentimientos que hacen que el lector se asemeje y logre conectar con experiencias semejantes.
La introspección que recorre toda la obra revela un proceso de catarsis: Alberti busca purificar su espíritu y reconciliarse con su identidad fragmentada y que se encuentra diversa. El dolor, la soledad y la pérdida se transforman en materia poética con una belleza significativa, en un lenguaje que expresa lo que muchas veces la razón no logra nombrar. Su voz poética es, al mismo tiempo, un lamento y un acto de resistencia frente a la desesperanza y la incertidumbre.
En definitiva, Sobre los ángeles representa una profunda reflexión sobre el hombre y su condición. La poesía de Alberti, nacida del abismo y del desconcierto, se convierte en un canto de redención y en un testimonio de la capacidad humana para transformar el sufrimiento en belleza inquebrantable y firme. La obra nos recuerda que, incluso en medio del dolor y la duda, la palabra puede ser refugio, conciencia y salvación.
Finalmente, queda abierta una pregunta esencial que el propio libro sugiere: ¿es posible reconstruir la identidad después de la pérdida total, o la obra poética es la única forma de preservar aquello que ya no podemos ser? Tal vez el autor no busque responderla ni siquiera sugerir la respuesta, sino invitar a cada lector a enfrentar sus propios ángeles, sus sombras y sus vacíos, descubriendo en esa disputa interior la posibilidad de una verdad más profunda y humana.
