Esta semana en «Espejo de tinta», nuestro invitado es Félix Villalona, nacido en la República Dominicana. Es escritor y gestor cultural. Fundador del Taller Literario Manuel del Cabral. Ha publicado los libros de poesía Hacia el crepúsculo del alma (2005), Desdecir (2010, Obsidiana Press), Sonia Cabrilis (2013), Contra qué luchamos (2023, obra autobiográfica), El miedo tiene sus voces (cuento, 2024) y Coléricas del ojo (2026). Sus trabajos aparecen en antologías nacionales e internacionales. Es miembro activo de la Asociación Dominicana de Ficción Especulativa (ADFE).
Félix Villalona es un bregador de la palabra. Ya sea desde la poesía o la minificción, siempre lo he visto buscando nuevas alternativas para presentar su arte. Es un escritor que no se ha rendido en la batalla de construir, poco a poco, una obra literaria que lo represente. Lector y activista cultural, nos entrega en estos textos una muestra de su inquieta imaginación, capaz de transitar entre el horror, lo fantástico, lo sobrenatural y las situaciones más estremecedoras de la cotidianidad.
En estos microrrelatos, Villalona demuestra su habilidad para construir atmósferas de tensión y misterio, apoyándose en finales inesperados que sorprenden al lector y, en ocasiones, lo dejan pensando más allá de la última línea. Hay también una interesante presencia de elementos de la cultura popular dominicana, las creencias, los temores colectivos y ciertas problemáticas sociales que enriquecen el universo narrativo de estos textos. Su escritura, directa y sin demasiados rodeos, revela a un autor que disfruta explorar los límites de la realidad y la ficción, y que encuentra en la brevedad un espacio fértil para provocar, inquietar y mantener despierta la curiosidad del lector.
MONSTRUO
Renata esperó 25 años para vengarse. Llevaba anotada la hora en que el profesor salía y regresaba a la casa. Escribió en un cuaderno la fecha de su venganza:
Sábado 30 de septiembre, 9:30 de la noche.
Esa noche el profesor regresaba del Santo Domingo no Problem, un negocio de bebidas alcohólicas. Para Renata, las clases de tiro le valieron la pena. Al verlo llegar sintió su corazón saltar. Estaba impaciente. Miró a todos lados mientras cruzaba la calle aprovechando el apagón. Tragó en seco al tenerlo al frente. Pero estaba decidida. Solo contaba con diez años de edad en ese entonces cuando su profesor marcó su vida para siempre.
-¡Maldito abusador!
Le gritó al tiempo que disparaba sin parar hasta vaciar el revólver que había comprado ilegalmente a un tipo de La 42, con esos fines. El profesor cayó abatido frente a su casa. Como si experimentara una sensación de alivio, en Renata afloró una extraña sonrisa luego de dejar caer sobre el pecho del hombre una nota que decía: ¡MONSTRUO!
MAMI
-Acabo de ver a mami.
Dijo el pequeño Danny emocionado.
-Es imposible. Mami y papi están en el cielo.
Responde Tico, el hermano mayor tratando de tranquilizar al niño.
-¡Noo! Te digo que la vi caminado en la cocina.
-Danny, ya hemos hablado de eso. Tienes cinco años y sabes que solo estamos tú y yo en la casa. No hay más nadie aquí.
El pequeño Danny lo tomó de la mano y lo llevó hasta la cocina. El corazón de Tico sufrió fuertes palpitaciones al hallar el desayuno recién hecho sobre la mesa del comedor, acompañado por el acostumbrado vaso de leche.
VIRUS
La mujer observa la calle que luce muerta. Camina rápido hacia la camioneta. Se monta. Mira por el retrovisor mientras aprieta el machete sucio de sangre que traía en una de sus manos. De pronto, de un callejón, aparece un hombre seguido por una turba corriendo torpemente y golpeándose entre sí hacia ella, lanzando gruñidos.
Lo demás… es historia.
EL GUACHIMAN
-¡Debes poner la escoba bocarriba y ponerle par de granos de sal, eso funciona!
Recomendó la señora a la angustiada madre, quien sospechaba que su niño recién nacido era víctima de un ente diabólico succionador de sangre. La joven madre mantenía la Biblia abierta en Salmo 91, sin que el mismo, lograra espantar al monstruo nocturno. Una noche la madre del niño se asustó al escuchar un fuerte ruido sobre el techo de cinc de la casa. ¡Llegó! Susurró abrazando al niño. El miedo era abrazador, recorriendo todo su cuerpo. En ese momento el sonido de un disparo rompe el silencio, rasgando la oscuridad, seguido del graznar de un ave. Al día siguiente el cuerpo desnudo de una señora yacía sin vida en el pavimento, rodeado por una multitud armada con palos, machetes, otras con un rosario en las manos levantando plegarias al Creador, porque el guachimán había matado a Carmela.
DESAHOGO
Llevas un humor de perros. Todo te molesta. Desde la halitosis de algunos pasajeros en el metro hasta la apestosa mezcla de olores. Sin duda, lo que más te molestaba era tener que oír los sucios chistes de tu jefe, quien además le gustaba agarrarte las nalgas ante la primera oportunidad. Como odias el olor de su colonia barata. Huele a agua de florida. Te arrepientes de haber hecho que cancelaran a Josefa, tu anterior jefa. Te caía gorda la tipa ¿Verdad? Sonríes al recordar el sueño de la otra noche. Soñaste que apuñalabas a tu jefe, ese pervertido. Sin querer sueltas una risa llamando la atención de todos en el vagón al expresar ¡Ese maldito enfermo!
¡LIKE!
El perro no deja de ladrar mientras lo mira insistentemente recostado en el sofá con el celular en la mano derecha sonriendo. El animal se acerca en silencio observando curiosamente la entrepierna del joven. Su sonrisa desaparece dando paso a un desgarrador grito de dolor al tiempo que el video recibe muchos like, siendo el perro protagonista al arrancar de un cuajo el miembro viril de su dueño.
LUCESITA
El padre se levanta súbitamente y desconcertado de la mecedora de brazos anchos, pasando su arrugada mano por la brillante calva.
¿Y usted, un hombre tan viejo, cree en esas barrabasadas, Mon? Un muerto no puede llevarse a nadie, y menos a un vivo. Por favor.
-Bueno padre, aquí en Villarpando eso se ha vuelto común. Lucecita, hasta ahora no se ha equivocado.
-Vamos a ver ¿y quién es Lucecita?
Interroga el padre al labriego algo molesto.
-Lucecita es la que lee la mano y la taza a la gente del pueblo, y ella ha ido contando los atardeceres rojizos. Ella le contó a mi mujer que al séptimo atardecer moriría otra persona, y… van seis, padre.
El padre, con rostro escéptico camina hacia la puerta de la sala.
¿Y según la adivina, falta uno? ¿Por casualidad, no le dijo quién sería el próximo?
Inquiere el padre con tono sarcástico cruzando los brazos.
-Ay no padre. Nunca he hablado con esa… señora. Pero ella tiene comunicación con los espíritus, digo yo.
¿Cómo pueden dejarse engañar así?
Replicó el padre levantando los brazos, recostándose en el marco de la puerta de madera de la casa, cuando repentinamente, un nublado se posó en el cielo. Tenía la forma de una mano gigante. Seguido del nublado vinieron truenos y relámpagos inquietantes. Los achinados ojos de Mon casi se salen de su sitio al ver caer al padre redondo en el piso, impactado por un rayo, muriendo en el acto.
EL PUÑAL DE ACERO
Timoteo despierta en medio de la madrugada y percibe un extraño olor. Enciende la linterna que siempre pone sobre la mesita al lado del vaso con agua. Luego de inspeccionar toda la habitación con la vista, dirige la luz al suelo alcanzando a ver una hicotea de un tamaño anormal que se dirige hacia él lentamente. Asustado, llama a su mujer sin recibir respuesta.
¿Por dónde entraste? Pregunta el hombre al animal.
¿De dónde vienes?
Vuelve a preguntar mientras intenta atraparla por el enorme caparazón. La sujeta con fuerza evitando su escape, pero de repente el animal se vuelve un ave parecida a un cuervo por su negro plumaje, emitiendo espantosos graznidos y moviéndose violenta. Timoteo aprisiona el ave que no deja de sacudirse, y ante los ojos de su captor, termina desapareciendo. La linterna se apaga dando paso a las tinieblas. ¿Será una pesadilla? Susurra. Timoteo se pone de pie y busca su pequeño puñal de acero que le regaló su mujer, y empieza a lanzar puñaladas hacia atrás logrando herir mortalmente a la mujer, quien cayó largo a largo en el piso sufriendo transformaciones, primero en la hicotea, luego en el ave y finalmente en humano.
