Farhina Sánchez Maríñez nació en Santo Domingo, es una joven comunicadora con una excelente preparación universitaria, graduada en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra en Comunicación Social mención producción audiovisual, tiene también un MBA en Administración y Dirección de Empresas y una Maestría en Big Data & Business Intelligence por la Escuela de Negocios Europea de Barcelona (ENEB) y es la única dominicana que forma parte del Global Youth Community de la Unesco. Es autora de dos libros; ¿Y dónde está Lolo? y De conchos, conchos y más conchos”.
¿Dónde cursaste la primaria?
La primaria la cursé en el colegio Sagrado Corazón de Villa Juana, el bachillerato lo hice en ese mismo centro de estudios, y posteriormente trabajé ahí como profesora, o sea que ese lugar estuvo ligado a una parte importante de mi vida.
¿Cuántos años tenías cuando ingresaste a la universidad?
En ese momento yo tenía diecisiete años, y no tenía muy definido qué iba a estudiar, hasta que finalmente elegí una carrera.
¿Qué te decidió a elegir la carrera que estudiaste?
Yo estudié comunicación social mención producción audiovisual, aunque inicialmente pensaba que iba a hacer ingeniería civil o algo relacionado con las leyes, o sicología, incluso tenía la posibilidad de una beca en la universidad Intec para esa carrera, pero un día fui a la expo-PUCMM y en la caseta de Comunicación social vi de qué se trataba, así que ni siquiera pasé a otra caseta, salí de ahí convencida de que la comunicación social era lo mío.
¿Cómo fue tu adolescencia?
Yo tuve una adolescencia muy bonita, estuve rodeada de cultura y de artes, estudié ballet, también teatro y pintura, eso gracias a mi mamá que se dio cuenta de mis inclinaciones, pero también los salesianos tienen un currículum orientado hacia las inquietudes de los jóvenes y de los adolescentes, tienen muchas actividades extracurriculares para eso, así que también me incorporé al coro en la iglesia y fui animadora juvenil, eso hizo que mi conexión con las artes se fuera desarrollando.
¿Cuáles fueron tus primeros trabajos luego de salir de la universidad?
Primero entré a Cuatropatas, una productora de comunicación corporativa, tuve otros tabajos remotos para diversas marcas, estuve también como analista de proyectos en el Museo de la Familia, estuve también en el Museo de las Atarazanas Reales como encargada de comunicación, duré dos años en el Ministerio de Cultura, y ahora estoy trabajando como consultora en Comunicación estratégica para la Unión Europea y el BID en dos proyectos que tienen para la Ciudad Colonial.
¿En qué momento se despierta tu “vena literaria”?
A los doce años, participé en un concurso en el colegio, un concurso de poesía, yo tenía un enamoradito, así que decidí participar y quedé entre los finalistas, y a partir de ahí me quedé con la escritura hasta el día de hoy.
¿Cuáles son los temas que tú tocas en tus libros?
Desde que comencé con mi camino de la lectura, porque la cultura es otra cosa tal vez más fácil, el baile es cuestión de práctica, la fotografía también, pero la literatura es un poco más difícil, tuve una profesora que nos hacía leer los clásicos griegos, La Ilíada y La Odisea, yo veía que a la mayoría de mis compañeros eso les costaba mucho, y a mí me encantaba, así que por ese camino me fui encontrando después con otros autores más modernos, del realismo mágico, García Márquez, Carlos Fuentes, por ejemplo, y eso fue lo que motivó a escribir sobre temáticas parecidas a las que tratan ellos.
¿Y qué otros autores más te han influido?
Además de los que ya mencioné también Alejo Carpentier, “lo real maravilloso”, Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, y comencé a “descubrir” una realidad que a mí me llamaba la atención, cada vez que me montaba en un carro de concho veía cosas que me resultaban increíbles, como si fueran parte de una magia, y todo eso yo lo anotaba, de hecho, tengo como ocho cuadernitos donde fui anotando situaciones cotidianas, de ahí surgió mi primer libro De conchos, conchos y más conchos, y todas las ideas con las que trabajo mis textos literarios no son de ahora, sino que están guardadas desde hace tiempo, es decir me di cuenta de que tenía un producto sociocultural muy importante, para mí por ejemplo los carros de concho son como un laboratorio de la cultura dominicana, o sea que si alguien quiere conocer al dominicano tiene que montarse en un carro de transporte público. Un ilustrador que conocí lo ilustró y se publicó con esos dibujos.
¿Y el tema de tu segundo libro?
Se titula ¿Dónde está Lolo? y es la historia de un señor, no binario, que desapareció en Manabao, él siempre andaba con una perra que se llamaba Riqueza, los youtubers de la zona le tomaron mucho cariño y siempre le llevaban comida, un día Lolo desapareció. Pero resulta que cuando él hablaba con los youtubers siempre les contaba que cuando él iba al río se encontraba con un indio, y que los indios estaban vivos, esa desaparición me inspiró, aunque después encontraron su cuerpo, él desapareció un 24 de diciembre y lo encontraron nueve meses después, cuando se perdió ya estaba senil, así que nadie se explica cómo llegó hasta el lugar donde lo hallaron. Ese libro mío parte de una idea de que los taínos no murieron, sino que fingieron su muerte, esa es la idea central.
¿Qué autores dominicanos dejaron una marca en tu memoria?
Hilma Contreras, Carmen Natalia Martínez Bonilla, Ángela Hernández, Juan Bosch, Virgilio Díaz Grullón, Marcio Veloz Maggiolo, esos son escritores que han influido mucho en mi forma de escribir, en los extranjeros Julio Cortázar, que me impresiona por la forma de explorar los recovecos de la realidad, Borges también, y José Ángel Buesa, estoy leyendo más autores contemporáneos, como Julia Álvarez y Junot Díaz, por ejemplo.
¿Crees que es necesario leer mucho para escribir bien?
Es esencial, por ejemplo, cuando a mí me hacen notar que aunque soy muy joven ya he publicado dos libros, yo respondo que sí, pero yo empecé a leer desde los doce años, para escribir primero hay que leer, y leer mucho.
¿Cómo es tu método para escribir?
Cuando yo estaba en la universidad y era más joven, una adolescente, yo escribía en todo lo que aparecía, a veces una servilleta, una hoja de papel, tengo una libreta al lado de mi cama y otra en la cartera, que cuando me viene una idea enseguida la escribo, y después reviso, lo transformo, cuando veo que hay varias ideas hilvanadas, me pongo a trabajar, he dejado algunos proyectos inconclusos por falta de tiempo y otros por falta de apoyo, por ejemplo, algunas instalaciones que no llegué a concretar.
¿Crees que el país necesita una política del libro que brinde más apoyo a las personas que tienen talento, pero no tienen posibilidades de publicar?
Por supuesto que sí, sucede que los escritores no son muy participativos, y yo he conocido escritores increíbles, con enorme talento pero que no tiene ninguna posibilidad de darse a conocer, y eso sería una forma de promoverlos. Por otra parte, también creo que el talento necesita disciplina, es decir estudio y práctica, porque el talento que depende solo de la inspiración no sirve de mucho, el país en general tiene mucho talento en las artes, es como tener un larimar, pero para convertirlo en una joya hay que trabajarlo, el larimar no pierde su valor, pero se vuelve más valioso, incluso, si tengo que darles un consejo a los jóvenes que quieren publicar, lo primero es que sean auténticos, que trabajen en lo suyo y sean fieles a su línea, que busquen la forma de llegar a más gente, en algún momento alguna puerta se abrirá.
