Poemas de Hermes de Paula

Valentín Amaro
Especial para elCaribe

Nuestro invitado en «Espejo de tinta» es Hermes de Paula (Yamasá, 17 de abril de 1974), poeta, narrador y dramaturgo. Es, además, licenciado en Educación, mención Física y Matemática, y posee una maestría en Enseñanza Superior.
Ha publicado: Una sombra en la escalera (2005), Los gemidos de la noche (2006), Un día después del silencio (2007), Ecos de un viaje (2007), Sobre rosas y mirtos (2007), Los gemidos de la noche (2009), Vestigios del fuego (2010), Compañero de mi vejez (2013) y Tentaciones de la noche (2021).

Hablar de Hermes de Paula es hablar de un amigo que, aunque no siempre nos veamos, mantenemos una amistad que perdura en el tiempo. Recuerdo con mucha alegría nuestras largas jornadas en el Taller Literario César Vallejo de la Universidad Autónoma, sus ocurrencias, las imitaciones que hacía de Octavio Paz mientras leía su poesía y que tanto le gustaban a Pedro Ortega. Recuerdo también sus discusiones con Miguel Antonio Jiménez, el coordinador de entonces, pero, sobre todo, su respeto por la poesía y la creación. En ese entonces nos buscábamos hasta rabiar, leyendo a Vallejo, Neruda, Borges, Girondo, Paz y una larga lista de dioses de la tierra, como diría Cortázar. Recuerdo también la vez que serví de enlace para que José Rafael Lantigua, uno de los promotores literarios más importantes de nuestro país, nos publicara a mí y a otros jóvenes que luchábamos por abrirnos paso en la literatura de Santo Domingo. Fue Lantigua quien, al leer el nombre original de Hermes —para ese entonces era Hermenegildo—, me dijo que en lo adelante se llamaría Hermes. Fue de los primeros en atreverse a publicar y en animarnos a compartir la poesía. Junto a Domingo Acevedo, Fausto Aybar, Liz, entre otros, publicábamos en elaleph.com, que coordinaba el gurú de muchos de nosotros, Marcelo di Marco. Siempre se ha mantenido creando, como un ser medio inconforme con todo, pero señorial a la hora de crear mundos posibles a través de la palabra.

Los haikus que presentamos a continuación evocan un verano andaluz impregnado de sensualidad, donde la geografía granadina y la impronta del flamenco se entrelazan con el deseo apasionado. El territorio, retratado entre ríos, olivares y la serenidad de los Guájares, deja de ser un espacio inerte para convertirse en la extensión misma de los recuerdos y el afecto. Mediante la música, el baile y la contemplación del cuerpo femenino, la voz poética celebra la erótica de los momentos fugaces como refugio frente al paso del tiempo. Así, las imágenes entrelazadas construyen un cuadro vibrante y contemplativo, donde la tierra, el arte popular y la devoción física convergen bajo el calor estival. Sin dudas, estos se encuentran entre los mejores poemas de Hermes de Paula que he leído.
Verano en Faragüit
I
Fuerte calor
y la voz de Morente:
bello el Zaidín.
II
Río Genil,
tu cuerpo de nostalgia.
Tristes las aguas.
III
Darro en la noche.
Con sus dioses de barro,
soñando el oro.
IV
Caja, guitarra
y taconea el alma
dulce en sus senos.
V
Guájar Fondón,
donde el río reposa
otras historias.
VI
Desde el Zaidín,
tus piernas al deseo:
mundos abiertos.
VII
Sueño en los Guájares:
mirando el pensionista,
finca vacía.
VIII
y Guájar alto,
septentrional comarca:
La Inmaculada.
IX
Futuro y sueño,
mango aguacate y olivo
el hombre mira.
X
Guájar Faragüit:
son vestigios del tiempo
las chimeneas.
XI
Pisa la tabla.
Cuerpo, guitarra y espejo,
sublimes horas.
XII
Yo en su cuerpo,
sus sueños en la Alhambra:
la bailaora.
XIII
Tiempo de risa,
desnudez y memoria:
sol Faragüit.
XIV
Bragas y cielo,
con la furia del cante
en mi memoria.
XV
Mujer, su aroma,
su cuerpo horizontal:
luces orgásmicas.
XVI
Tendido el cuerpo,
Los XLs en el bolsillo:
luz del instante.
XVII
Eres la espiga.
EL gluten del amor
son los recuerdos.
XVIII
La finca rústica,
tu aroma femenino:
sueños de Guájar.
XIX
Nocturno aroma
y Guájar Faragüit,
nos espera el sueño.
XX
Julio marchita
La espera del viaje:
misterio orgásmico.
XXI
Besos mojados
con uva moscatel,
cante y olvido.
XXII
Cristal, madera
y las blancas paredes:
marrón del alma.
XXIII
Desde el deseo,
siempre el ojo que mira
impregna amor.
XXIV
Estás desnuda
y tu piel es la magia
que abre mis ojos.
XXV
Busco en la flor
la íntima mirada:
tu desnudez. l

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