Hay una pregunta que muchos padres se hacen cuando consideran llevar a sus hijos a un concierto de música clásica: ¿se aburrirán? La inquietud resulta comprensible, especialmente cuando hablamos de niños acostumbrados a experiencias audiovisuales que cambian de estímulo constantemente. Sin embargo, la respuesta depende menos de la edad del público que de la manera en que se presenta la música. Esa es la oportunidad que ofrece al público “Yo soy Mozart”, un espectáculo del pianista, director de orquesta, actor y pedagogo argentino Axel García Stur, que llegará por primera vez a República Dominicana el sábado 7 de noviembre, a las 11:00 de la mañana, en Casa San Pablo, bajo la producción de Edith Smester y Proyes.
La propuesta aborda un desafío cultural permanente: cómo conseguir que un niño descubra una música compuesta hace más de dos siglos. García Stur combina interpretación pianística, actuación, humor y participación del público en una experiencia de aproximadamente una hora, concebida para acercar a las familias al universo de Wolfgang Amadeus Mozart.
La motivación de Edith Smester para traer el espectáculo al país parte de esa posibilidad de abrir una puerta cultural a los más jóvenes. “Hay proyectos que nacen del corazón y porque se saben que pueden marcar la diferencia. Después de 25 años trabajando la industria, siento que todo lo que he aprendido se convierte en una oportunidad para aportar a nuevas generaciones. Para mí, yo soy Mozart no es solo un espectáculo, es un proyecto que nace de tres cosas que son muy importantes para mí. La cultura, la educación y la responsabilidad social”, afirma.
El primer encuentro
La relación de una persona con la música suele comenzar mucho antes de que conozca sus nombres, estilos o compositores. Un niño reconoce melodías, distingue cambios de velocidad y reacciona ante determinados sonidos sin necesitar explicaciones técnicas, y esa sensibilidad puede enriquecerse cuando una experiencia orienta su curiosidad.
Ahí reside uno de los principales atractivos de “Yo soy Mozart”: presentar al compositor como un personaje cercano, con una vida que puede contarse y una música que puede escucharse desde la experiencia. García Stur interpreta al músico austríaco mientras utiliza el piano y recursos teatrales para introducir aspectos de su biografía y su lenguaje musical. Mozart, nacido en Salzburgo en 1756, recibió formación desde muy pequeño de su padre, Leopold, y durante su infancia recorrió junto a su familia importantes centros europeos, se presentó ante distintos públicos y dio a conocer sus primeras composiciones.
Detrás de aquella precocidad hubo también educación y práctica, una dimensión que permite explicar a los niños que el talento artístico se desarrolla a través del aprendizaje. La propia Fundación Mozarteum sitúa entre los cinco y seis años las primeras demostraciones públicas destacadas de Wolfgang y documenta el papel decisivo que tuvo su padre como maestro y organizador de las giras familiares.
Aprender mientras participamos
Uno de los mayores obstáculos para acercar la música clásica a nuevos públicos aparece cuando asociamos escuchar con permanecer inmóviles. “Yo soy Mozart” propone otra dinámica: los asistentes cantan, juegan, responden y participan mientras el espectáculo introduce conceptos relacionados con el lenguaje musical. García Stur ha descrito públicamente esa interacción como parte del formato, y presentaciones anteriores en Argentina documentan una participación activa de niños y jóvenes.
El valor pedagógico está en aprender a escuchar qué ocurre dentro de la música. Una melodía puede regresar después de un episodio diferente, un cambio de intensidad modifica el carácter de una frase y determinados ritmos permiten al oído reconocer estructuras. En la Pequeña serenata nocturna, K. 525, y en el célebre Alla turca de la Sonata para piano K. 331 encontramos materiales especialmente apropiados para explicar de manera accesible cómo Mozart organiza contraste y continuidad.
También para los padres
Existe otra razón para asistir en familia: los adultos también pueden descubrir que su relación con la música clásica está condicionada por prejuicios adquiridos. Algunas personas la consideran demasiado compleja, otras creen que necesitan conocimientos especializados para disfrutarla y muchas simplemente nunca han tenido una oportunidad de acercarse a ella mediante una experiencia accesible.
Compartir una función como esta permite que padres e hijos se encuentren en condiciones similares de descubrimiento. El adulto puede reconocer una melodía escuchada anteriormente y el niño sorprenderse con un recurso teatral, mientras ambos desarrollan una conversación que puede continuar después de salir del auditorio.
Smester define ese propósito con amplitud: “Quiero acercar la música clásica a los niños, abrirle la posibilidad de conocer descubrir y disfrutar una expresión artística que quizás no forma parte de su día a día. Quiero que esta experiencia también sea una forma de aprender, de despertar su curiosidad, de alimentar su imaginación y conectar con sus emociones, porque estoy convencida de que estos eventos pueden ser mucho más que encuentro, pueden convertirse en experiencia que educan, inspiran y generan un impacto real. Y este es el propósito que hay detrás de Yo soy Mozart, crear una experiencia que vaya más de un escenario y que pueda dejar una huella en cada niño”.
La trayectoria de García Stur como intérprete y educador aporta contexto a esa propuesta. Radicado en Francia, figura como director del Conservatoire à Rayonnement Communal Claude Debussy de Villiers-sur-Marne, mientras «Yo soy Mozart» acumula más de dos mil funciones en América Latina y Europa.
Conviene mantener expectativas razonables: asistir a una representación difícilmente convertirá a un niño en músico ni garantizará un interés permanente por el repertorio clásico. Sin embargo, puede ofrecerle una primera experiencia positiva que sus padres tendrán la oportunidad de prolongar escuchando alguna obra en casa, conversando sobre lo que más le llamó la atención o explorando nuevas actividades musicales.
La visita de «Yo soy Mozart» a Santo Domingo plantea, finalmente, una invitación sencilla y valiosa: reservar tiempo para descubrir algo juntos. Quizá alguno de esos niños termine estudiando piano, quizá otros prefieran instrumentos diferentes y muchos simplemente recordarán que una mañana conocieron a Mozart mientras disfrutaban de su música junto a sus padres. Cualquiera de esas posibilidades justifica la experiencia. Más información en @proyesrd en Instagram.
