«Quítate tú pa´ponerme yo». Le dijo la salsa al son (1 de 3)

En este artículo, que por su extensión será publicado en tres entregas -y si no lo puedes leer ahora guárdalo para que lo leas después-, describiré las condiciones que hicieron de La Habana el centro de la música popular en el Caribe, y de cómo esa hegemonía la perdió durante la segunda mitad del siglo XX. En esta entrega número 1 repasaré la importancia de la posición geográfica y las corrientes marinas, descubiertas por Cristóbal Colón, en la conformación de las rutas marítimas que enlazaron a Cuba con el resto del mundo, condición indispensable para el desarrollo posterior que tuvo la Isla. Mostraré la importancia de la gran bahía de La Habana y la pronta conformación de una clase rica dispuesta a emplear sus capitales en la construcción de teatros, academias de música, y sociedades de recreo.

Primero lo primero
Una gran parte de la historia de la música en Cuba ha estado sepultada, como lo estuvieron las riquezas de Pompeya y Herculano bajo las cenizas del Vesubio. Sin embargo, la música popular profesional cubana estableció su hegemonía en los mercados durante la primera mitad del siglo XIX, y esto tuvo sus causas; entre otras, en la calidad que alcanzaron las orquestas, intérpretes y compositores de las danzas cubanas desde las primeras décadas del siglo XIX, lo que fue posible por la existencia en Cuba, y fundamentalmente en La Habana, de profesores criollos y extranjeros de un alto nivel académico, de sociedades de recreo en las que se impartían clases de música, teatro, pintura, de casas de música en las que se comercializaban métodos para el estudio de los diversos instrumentos y se vendían instrumentos de todo tipo, así como partituras, y en las que también se presentaban habitualmente conciertos con aficionados y profesionales. Todo esto en un medio donde existía un mercado que demandaba los productos de la música profesional. Así que, para poder comprender la devastación que sufrió el mercado de la música cubana durante la segunda mitad del siglo XX, es imprescindible, aunque sea en una muy apretada síntesis, mencionar las condiciones que propiciaron el vertiginoso mercado de la música cubana desde el siglo XIX y hasta la primera mitad del siglo XX.

Llave del Nuevo Mundo y Antemural de las Indias Occidentales
La posición geográfica de Cuba, en la ruta de las corrientes marinas que permiten la navegación de ida y regreso entre Europa y las Antillas, y la existencia en La Habana de una bahía de grandes proporciones, capaz de proteger a cientos de naves de los temidos huracanes y de corsarios y piratas, propiciaron que el puerto de la capital de la isla se convirtiera en el más importante de América durante los siglos del descubrimiento, conquista y colonización. Esto originó que, en 1561, la corona dispusiera la concentración en La Habana de las naves que viajaban hacia Europa, por lo que la capital de la isla recibió mares de cantos y bailes durante siglos. Esta sería una de las premisas para que allí se consolidara una clase adinerada que disfrutaba de las diversiones que se presentaban en las grandes urbes de entonces, y se fundaran con premura en la capital cubana academias, teatros, casas de música, salones de baile, imprentas de partituras y todo lo que el mercado del entretenimiento requería.

Los teatros desde finales del XVIII
En 1775 la ciudad tuvo su primer teatro, El Coliseo (1775-1846), al que le siguieron, entre otros, el Diorama (1828-1846), el Gran Teatro de Tacón (1838), El Circo Habanero —llamado Villanueva— (1847-1868), el Albisu (1870-1918), el Payret (1877-2013), el Irijoa —llamado después Teatro Martí— (1884), el Teatro Alhambra (1890-1935) y el Auditórium (1929-1977). En cada uno de ellos los commodities más preciados fueron, por supuesto, la música, y entre estos los más sonados fueron los géneros de la música popular profesional cubana. El último teatro que se construyó en La Habana fue el Blanquita, en 1950, que por sus dimensiones y modernidad fue comparado con el Radio City Music Hall de Nueva York.

En los escenarios habaneros hubo ópera, vaudeville, zarzuela, comedia, drama, y cantantes, actores y actrices de primer cartel; se escucharon algunos de los concertistas más aplaudidos en las salas de Europa y los Estados Unidos y los más populares artistas del espectáculo, conformándose en este proceso una tradición y un bagaje cultural propicios para quienes iniciaron el cine (1897), la radio (1922) y la televisión (1950).

Las academias desde la primera mitad del siglo XIX
En 1832 Federico Edelmann (1794-1848), un prestigioso pianista francés, llegó a La Habana. Allí ejerció como concertista y profesor de piano, y en 1836 fundó la imprenta Edelmann y Cía. Edelman tuvo entre sus alumnos a Fernando Aristi (1828-1888), Manuel Saumell (1817-1870) y Pablo Desvernine (1823-1910), quienes serían a su vez intérpretes de primer cartel y profesores de música. En 1843 llegó a Cuba el pianista José Miró (1815-1878), que impartió clases, entre otros, a Nicolás Ruiz Espadero (1832-1890), quien sería un virtuoso pianista y maestro de Ignacio Cervantes (1847-1905), Cecilia Aristi (1856-1930) y Angelina Sicouret (1880-1945).

En 1885 el profesor y compositor holandés Hubert de Blanck (1856-1932) fundó el Conservatorio Nacional. Le siguieron el Conservatorio Falcón, del pianista Alberto Falcón (1873-1961); el Conservatorio de Música y Declamación, de Carlos Alfredo Peyrellade (1840-1908); el Conservatorio Orbón, del asturiano Benjamín Orbón (1879-1944), que tuvo más de cien filiales por toda la isla y gozó de tal rigor académico que sus títulos tenían valor oficial; y la Escuela de Música O`Farril, fundada en 1903 por Guillermo Tomás (1868-1933), que se convertiría en el Conservatorio Municipal de La Habana.

Haciendo la América crearon academias, educaron a músicos que alcanzaron altos estándares técnicos en la ejecución de sus instrumentos, y contribuyeron a divulgar y actualizar los repertorios tanto técnico-docentes como artísticos entre estudiantes de música, músicos profesionales y público. Llegaban por muy diversas razones, pero después de la conquista y colonización y después, durante la República, la principal razón por la que un músico hacía la América en Cuba era porque en La Habana, Matanzas y Santiago de Cuba, y eventualmente en cualquier otra ciudad de la isla, podía tocar, cantar y enseñar como se enseñaba la música en los más prestigiosos centros de enseñanza de los Estados Unidos y Europa.

Los estudios académicos tuvieron, pues, el aporte de los músicos que llegaron a la isla a «hacer la América», y, a través de ellos los cubanos conocieron las técnicas de interpretación y composición, se convirtieron en estudiantes de mérito y muchos de ellos asistieron a prestigiosos conservatorios de Europa y los Estados Unidos. Este proceso de enseñanza y aprendizaje duró al menos dos siglos, por lo que en la primera mitad del siglo XX La Habana contaba con artistas que asombraban a los más exigentes públicos y críticos. (Continuará en 2 de 3)

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(*) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Licenciado en Música por la Universidad de las Artes de Cuba. Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana.

Correo-e: [email protected]

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