Turismo dominicano: 30 años a velocidad de crucero

Palabras en la presentación del libro

Señoras, señores:

Este libro expresa, con vocablos e imágenes, el relato de una hazaña. Acaso la épica narración de una magna conquista. Nadie ignora que constituimos hoy la principal potencia turística de la región: la que más crece, la más rentable, la de más felices augurios.

Las páginas abiertas traerán a sus ojos una apasionada sinfonía de pleamares y colores, un ensanchamiento de paisajes y palabras dirigido a enaltecer ese acto de fe que ahora cristaliza en nuestro auge turístico.

El escrito señala los factores institucionales, físicos, inmateriales y humanos que han auspiciado tan inagotable progreso. Ya se ha dicho que el turismo precisa de ingredientes básicos: estabilidad política, estabilidad económica, seguridad jurídica, infraestructura física y servicios públicos. Todas esas nociones congregadas podrían sustituirse por una sola palabra: confianza. Sin confianza los empresarios no se arriesgan, los bancos no prestan y los turistas no viajan.

La necesidad de promover y sostener un ambiente de absoluta confianza ha sido la gran lección recogida en nuestro exitoso trayecto. La firmeza de este clima de provechosa tranquilidad es el fruto de un concierto de voluntades. Y el Gobierno, el sector financiero, los empresarios y el pueblo, en su conjunto, son los responsables de la persistencia y la solidez de esta atmósfera virtuosa.

Pero aún estamos lejos de tocar el techo de la industria. La tarea del presente apunta a diversificar los escenarios y a fortalecer nuestra marca-país. Inmensas oportunidades de crecimiento nos brindan el turismo de salud y de negocios, el turismo cultural y gastronómico, el turismo de golf. Por la singular y variada ecología del territorio nacional, uno de cada cinco de los visitantes extranjeros frecuenta los parques, las reservas naturales y las zonas protegidas. Existe también un vasto potencial en el denominado Sendero de la Fe. En esta tierra fue celebrada la primera misa y se constituyó la primera Catedral del Nuevo Mundo. Podríamos simbolizar la Tierra Santa del Caribe. Ciento cincuenta millones de católicos viajan cada año en peregrinajes y visitas a santuarios y lugares bajo advocación religiosa.

Celebramos carnavales, espectáculos y festividades artísticas durante todo el año. Devaneos atrayentes, sin duda, en un marco de paz social y circundados por gente amable que sonríe, con naturalidad y sin dobleces, al visitante extranjero.

Con todo, el desarrollo futuro del sector dependerá de nuestra destreza para sortear múltiples desafíos. A cualquier precio se impone preservar la seguridad jurídica, proteger la ecología y utilizar con raciocinio las fuentes de agua. Estamos obligados a organizar los espacios urbanos aledaños a los hoteles. En última instancia, será imprescindible garantizar la armonía ciudadana y refrendar la constancia de ese regocijo insobornable que, ya desde el siglo XIX, admiró a quienes visitaban este suelo, en aquel entonces abatido.

Deseo ahora expresar mi franca gratitud al Banco Popular Dominicano por la oportunidad de hacer este libro espléndido. Su perdurable soporte al turismo registra hoy una contribución invalorable. Mi reconocimiento también a Thiago da Cunha, cuya expresión fotográfica incursiona, tantas veces, en dominios de elocuencia vedados a las limitaciones de la palabra escrita. Y nuestra reverencia a la señora Rita Cabrer Botello, autora del prólogo de la obra. Ella, una soñadora que hace 50 años imaginó lo improbable, nos acompaña hoy en la materialización de su esperanza.

Para concluir, quiero invocar mi lealtad a la teoría humanista del turismo. Pienso que las acciones realizadas en nuestro tiempo de ocio manifiestan los valores de la verdad, la libertad y el anhelo creativo. El turismo, en suma, es una apuesta al ideal de que las relaciones sociales favorecen la integración entre los pueblos. Una incitación, además, para abrir el pensamiento y asomarnos a la diversidad cultural de aquellos seres con quienes compartimos el planeta.

Extremadamente dichoso me sentiría si ese paradigma humanitario, cual un índice infalible, señalara la ruta de excelencia por donde habrá de transitar en el mañana la industria turística dominicana.

Que así sea nuestro porvenir.
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El libro Turismo dominicano: 30 años a velocidad de crucero fue puesto en circulación en El Embajador a Royal Hideaway Hotel; Santo Domingo, República Dominicana, el 14 de noviembre de 2018.

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