Una noche en la árida montaña: traducción y traición

«Ночь на лысой горе» (noche en la montaña calva)

Antonio Gómez Sotolongo
Especial para elCaribe

Hace muchos años, cuando vi por primera vez la película Fantasía, de Walt Disney, en el Cinecito de La Habana, sentí una profunda impresión con todos los cuentos, incluso por aquellas abstracciones de arcos y violines que concibió el genial dibujante para la Toccata y fuga de Bach, y recuerdo perfectamente el tremendo aquelarre -por supuesto que entonces no conocía la palabra «aquelarre», pero sí entendí que era una fiesta de brujas y muertos en una montaña-, que se desarrollaba sobre la música de Modest Músorgski a la que, en aquella versión de la película Fantasía, de 1940, habían traducido al castellano como: Noche en la árida montaña.

La película

Fantasía es una película creada en los estudios de Walt Disney en la que con dibujos animados se recrean varias obras del repertorio sinfónico, interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Filadelfia bajo la conducción de Leopoldo Stokowski; entre ellas, la que da pie a este artículo: Una noche en la árida montaña, de Modest Músorgski y otras como El Aprendiz de Brujo, de Paul Dulkas; Toccata y fuga, de Johann Sebastian Bach; La Suite del Cascanueces, de Piotr Ilich Chaikovski; La Consagración de la Primavera, de Stravinski; y otras.

El compositor y su obra

Modest Músorgski fue un compositor ruso nacido en 1838, a quien se le considera como un innovador de la música rusa del período romántico, y que, según sus biógrafos, comenzó a componer la pieza Una noche en la árida montaña en 1867, tomando como inspiración el cuento «La noche de San Juan», de Nikolai Gogol, y una obra de teatro escrita por un amigo. Pero Músorgski no la pudo terminar y fue otro compositor ruso, Rimski-Korsakov, quien recuperó los manuscritos y la terminó.

El Cinecito

Cinecito fue un cine pequeño que abrió el 9 de julio de 1942 en La Habana bajo el nombre de Cine Periódico Resumen, que tenía tan solo unas 400 butacas donde se proyectaba lo mejor de los animados norteamericanos en colores, y cuando yo lo conocí ya le llamaban Cinecito.

La traición del traductor

De un tiempo a esta parte he podido leer y escuchar que también se ha traducido el título de la obra de Músorgski como: Una noche en el monte pelado o Una noche en el monte calvo, pero eso; en principio, me molestó al oído, y después, por esas tozudeces quizás innecesarias e inútiles que se me posan en la sesera, comencé a averiguar por qué me sonaba mal y cuál sería la causa, si la había, de que mi oído fuera tan quisquilloso.

Me lancé a la red y al primero que encontré con los mismos caprichos fue a Paco Lema, quien administra el blog Lema-Traductores y ha publicado un artículo con el título Traductor ¿traidor? Y según su investigación, el adagio que reza: Traduttori, traditore (traductor, traidor), es de uso extendido y por supuesto viene del italiano. Según Lema, a pesar de que existen errores y traiciones en las traducciones, ese no debe ser en realidad el trabajo del traductor, sino el de llevar a otras lenguas la esencia de lo que los autores han querido decir en realidad.

Sus ejemplos son ilustrativos, entre ellos el cambio del significado de las palabras esenciales en un pasaje del Antiguo Testamento, que «decía en hebreo que una muchacha concebiría y pariría a un niño que sería el hijo de Dios (Isaías 7, 14). Sin embargo, los traductores de esa parte al griego tradujeron «muchacha» por «virgen» y ya sabemos lo que todo esto trajo por consecuencia. Pero no me pude quedar con su visión solamente, porque en todo caso su oficio es traducir y aún lo tenía bajo sospecha y me fui a buscar a alguien que hubiera sido víctima de la traición de un traductor.

Y lo encontré. Fue en la reseña que publica Espéculo, Revista de estudios literarios de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid en su No. 40, año XIV, noviembre 2008-febrero 2009, donde aparece una reseña de Alexander Caro Villanueva del libro Decir casi lo mismo, de Umberto Eco[1], y solamente con el título me hubiera bastado para responder a mis dudas y a las de mi oído, pero Caro Villanueva cita a Eco y con eso me responde por qué las palabras «calvo» o «pelado» me resultan infieles al texto, al contexto y a la cultura de la que proceden los signos que han sido traducidos.

Según Eco la fidelidad expresa «la convicción de que la traducción es una de las formas de la interpretación y que debe apuntar siempre, aun partiendo de la sensibilidad y de la cultura del lector, a reencontrarse no ya con la intención del autor, sino con la intención del texto, con lo que el texto dice o sugiere con relación a la lengua en que se expresa y al contexto cultural en que ha nacido». (Eco 2008, 22)

Muchas veces el título de esta obra de Músorgski se traduce del ruso al inglés y de este al castellano como Una noche en el monte calvo o Una noche en el monte pelado utilizando acepciones de las palabras anglosajonas «bald» (calvo) y/o «bare» (pelado) y del ruso «лысой» que significa «calvo» en una de sus acepciones; sin embargo, en ruso la palabra «лысой» en este contexto puede ser también sinónimo de «árido»; por su parte el Diccionario de la Real Academia Española nos dice que la palabra «calvo, va», en su primera acepción nos refiere a las «personas que carecen total o parcialmente del pelo de la cabeza» y en su segunda acepción es sinónimo de «desarbolado».

En conclusión, aunque es posible adjetivar las montañas con las palabras «calvas» y «peladas», esto es metafórico, porque en sentido recto «calvas» y «peladas» pueden ser las cabezas de las personas, así que, usar la palabra «árida» se ajusta más a la «intención del texto» que en castellano sí denota una cualidad que en sentido recto solamente puede tener una montaña o un terreno, siendo esto así la mejor manera de traducir el título de la obra que hace muchísimos años conocí como parte de la película Fantasía, de Walt Disney, en el Cinecito de La Habana es: Una noche en la árida montaña.


[1] Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción. Umberto Eco, Lumen, Barcelona, 2008. 537 pp. Traducción: Helena Lozano Millares.
NOTA: Si este artículo te gustó compártelo con tus amigos, y si no te gustó compártelo con tus enemigos.
(*) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Licenciado en Música por la Universidad de las Artes de Cuba. Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana.
Correo-e: [email protected]
Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

Posted in CulturaEtiquetas

Más de gente

Más leídas de gente

Las Más leídas