Un diagnóstico inesperado, una migración dolorosa y una vida que tuvo que reinventarse desde cero
En esta Navidad, cuando el mundo hace una pausa para mirar hacia adentro, la historia de Sheyla Pirela se levanta como una llama que no se apaga. Nacida en Venezuela y nacionalizada dominicana por decisión de corazón, ella ha recorrido caminos marcados por pérdidas de seres queridos, migración, enfermedad, separaciones y renacimiento. Y aun así sigue de pie, brillando y contando su verdad.
A sus 43 años, presenta su libro Contarlo todo: La fuerza de ser yo misma, una obra que no busca complacer, sino liberar. En sus páginas abre su alma con una honestidad casi cruda, desde capítulos como “Así soy y no pienso disculparme” hasta el estremecedor “El cáncer, mi mayor trauma”.
No escribe para dar lástima. Lo hace para recordar que, incluso en las noches más oscuras, siempre existe un amanecer.
Cuando le pregunté qué la motivó a contar su historia, retrocedió a los nueve años, cuando escribió su primera novela en una vieja máquina de escribir familiar.
“Siempre fue mi sueño escribir un libro. Lo orgánico fue decidir contar mi historia para demostrar que, no importa cuán roto estés, siempre hay una luz al final del túnel”.
Ese deseo infantil, dormido por décadas, encontró su oportunidad en medio de una de las etapas más duras de su vida. En octubre de 2024, a sus 42 años, una rutina médica la enfrentó a una palabra que paraliza: cáncer de tiroides papilar. No tenía síntomas aparentes; una ecografía preventiva reveló dos nódulos, uno de ellos maligno.
Después de vivir la enfermedad de seres queridos —incluyendo la de su madre— enfrentarse al propio diagnóstico fue devastador. “Ese capítulo fue el más difícil. Afectó mi memoria, mi forma de hablar, mi capacidad para organizar ideas… pero también fortaleció mi fe y mis ganas de vivir”, expresó Pirela.
Pese a las secuelas temporales, encontró apoyo total en su entorno laboral. Su formación tecnológica le permitió continuar trabajando desde casa, mantenerse activa y no desconectarse de su propósito.
Aunque siempre ha sido abierta al expresar sus emociones, reconoce que hablar solo es útil si es con quienes pueden acompañarla. Allí, la psicología se volvió un pilar para reconstruirse.
“La salud mental es tan importante como la física. Cualquiera puede tener una crisis y a veces no es fácil detectarla. La terapia me dio herramientas que cambiaron mi vida”, manifestó.
Gracias a un programa de salud emocional disponible en su empresa, inició un proceso que describe como “necesario y transformador”.
Venezuela quedó atrás: la casa propia, el trabajo, la estabilidad que alguna vez tuvieron. Empezar de cero en República Dominicana fue enfrentarse al vacío; el miedo que surge luego de desmantelar una vida entera para intentar construir otra.
Afortunadamente, en esta tierra encontraron brazos abiertos. Su esposo consiguió trabajo rápidamente y, con el tiempo, lograron levantar un nuevo hogar.
Hoy ambos, aunque ya separados, tienen la nacionalidad dominicana. Y Sheyla no duda en decirlo: “Amo a la República Dominicana con todo mi corazón”.
Para Pirela, Navidad no es solo luces ni nostalgia. Es una conexión con Dios, con la esperanza, con los sueños que sí pueden hacerse realidad.
Por eso, ella desea que quienes lean su libro se queden con este mensaje: “Puede que vivamos noches muy oscuras, pero siempre habrá un amanecer. Dios siempre tiene un plan, aunque no lo entendamos. Lo importante es confiar”.
Contarlo todo no es solo un testimonio: es un regalo. Un recordatorio de que la vida puede quebrarnos, sí, pero también puede reconstruirnos.
Y que, en tiempos de Navidad, cuando el mundo parece detenerse, vale la pena mirar la historia de una mujer que decidió no tener miedo, no rendirse y seguir adelante.
Ella se convierte así en un símbolo de resiliencia para miles de migrantes, mujeres, pacientes, madres, hijas y soñadores, entre otros, que buscan un rayo de luz en medio del túnel.
