A la muerte de un amigo

Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío…” declama con música el cantautor, Alberto Cortez. Al escuchar la canción-himno, declamada más que cantada, en homenaje al amigo que ha abandonado el camino de la vida y se va a las insondables rutas de la muerte, sentimos un desgarramiento en lo interior, como si los misterios de esos espacios nos fueran ajenos, a pesar de ser quizás, la única certeza sin fecha, conque caminamos cargándolo en las alforjas de la vida. Del dolor que nos produce esa ida cercana, comprendemos la magnitud y la clase de amor filial que le profesamos, aunque la vida nos haya separado y colocado en ambientes distantes. El Amigo (con mayúsculas) es un hermano cercano que la rígida biología separa y el amor inconmensurable une, en ocasiones con lazos más profundos y certeros, de indisoluble tejido. En estos tiempos de dolor y lejanías, la muerte nos ha arrancado a muchos cercanos, provocando confusos sentimientos. La muerte (y nos cuesta hablar de ello) sorprende cuando derrochamos energías para disfrutar de la vida y así me atrapó ante la muerte de mi hermano. Calladamente y sin avisos, apareció ante nosotros. Los más antiguos saben que se muere lentamente y hay enfermedades destructoras de la memoria que dejan lo físico activo, mientras escasean los recuerdos y acrecientan las tristezas de los cercanos, que lidian con un extraño íntimo, que va perdiendo las memorias y reconocimientos. ¡Dolorosas tristezas! Dichosos aquellos cuyas certezas en la fe, los llevan a confiar ciegamente en lo que hay tras la vida terrena. Cada cultura, cada religión tiene su explicación a los profundos misterios del llamado “más allá”. Una diferencia poco mencionada, entre dominicanos y haitianos, es que nosotros celebramos y gozamos la vida. Los haitianos, quizás por su pasado esclavo y las promesas de una vida libre en “el otro mundo”, miran y cantan hacia la muerte. Cuando un cercano deja de existir, se cortan lazos que comunicaban recuerdos compartidos, en ocasiones ubicados en la lejana infancia, donde las relaciones eran más sanas, intimas, sin dobleces ni intereses que torcieran la sana simpleza de la amistad sincera. Complicidades lejanas que hoy nos hacen sonreír con su simple recuerdo. Añoranzas de un tiempo más intenso en las cosas de importancia verdadera. Cuando un amigo se va… se pierden los conocimientos adquiridos, las destrezas, lo material se queda atrás, en ocasiones destruyendo la unidad tejida a lo largo de la vida. Cada uno conserva para si un recuerdo, una anécdota, una situación, como pedacitos dispersos del mosaico que fue el amigo común. Poetas, artistas, cantores han dedicado intelecto a obras a la misteriosa muerte. Provocan incógnitas a un tránsito similar al nacimiento, que habremos de surcar solos. Mientras en uno producimos alegrías y esperanzas, en el otro dolor, tristeza y desolación. A los que se han ido: ¡Gracias por lo vivido!!!

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