El evento realizado la semana pasada en el Teatro Nacional Eduardo Bito, organizado por el Ministerio de Educación, mostró indiscutibles talentos del arte escondidos a lo largo y ancho del país y visibilizó con justicia el trabajo que se viene realizando desde la Modalidad de Artes.
El buen uso de los recursos del 4% pudo advertirse en la puesta en escena del evento que, desde mi punto de vista, pauta un antes y un después en la labor de ese Ministerio. En buena lid fue un festival. Y en eso debería transformarse el evento que debería ser anual, con realización (y su necesaria promoción) a nivel regional, provincial y nacional. Y al final otorgar premios que estimulen la competencia y el reconocimiento social.
Pero el sistema educacional debe estar pensado en primer lugar para enseñar a apreciar las artes. La apreciación de las artes visuales, de la danza, del teatro, de la música, deben formar parte del currículum de los alumnos desde primaria. Cuando un niño aprende en primaria qué cosa es en la pintura, por ejemplo, la línea, la textura, el volumen, los colores cálidos y fríos y sus combinaciones, llegará a secundaria listo para conocer los principios de los movimientos estéticos y las épocas en que nacieron, los nombres y obras fundamentales de esos movimientos estéticos, y luego cómo ha sido la incidencia de estos en la cultura nacional.
Ese joven saldrá hacia el nivel universitario no solo con conocimiento, sino con mayor sensibilidad humanista, y por tanto, mejor ser humano. Que de eso se trata.
Para lograr esta tarea pendiente hay que formar -a lo mejor ya lo están haciendo-, instructores de arte o profesores de las artes, que sean capaces de acometer esa labor.
Si por fin se logra el reconocimiento de los graduados de Bellas Artes del país, léase conservatorio, escuela nacional de teatro, danza y ballet, como graduandos de nivel superior, habrá una fabulosa cantera para asumir la enseñanza de la Apreciación del Arte a todos los niveles en el país. Si al final prefieren ser artistas o no, tengan por seguro que serán mejores seres humanos.
Y como dije en el trabajo publicado en esta página ayer, “’¡Hay vida más allá del dembow!”
