La salida de Raquel Peña

Raquel Peña
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Raquel Peña habló. Y algunos tendrán que revisar sus encuestas. No porque la vicepresidenta haya ganado nada. Porque acaba de recordar una verdad incómoda: en el PRM todavía no ha votado nadie.

Durante meses nos han presentado una competencia resuelta. David Collado arriba. Carolina Mejía detrás. Los demás, invitados a contemplar los números. Una democracia bastante cómoda —sobre todo para quienes encargan los estudios— donde el elector aparece únicamente para confirmar lo anunciado.

Hay un detalle. Pequeño. Incómodo. El PRM elegirá su candidatura mediante un padrón cerrado. Y todavía se trabaja en su definición. Medir simpatías nacionales puede servir para muchas cosas. Confundirlas con votos de militantes es una imprudencia estadística. O una conveniencia política.

Raquel modifica las cuentas. Tiene reconocimiento, experiencia administrativa y una condición que algunos subestiman: conoce el Gobierno desde dentro. Falta saber cuánto respaldo puede transformar en votos internos. Lo mismo vale para Carolina. Y para Collado.

Conviene recordar a Guido Gómez Mazara. En las primarias anteriores obtuvo alrededor del 5.6% frente a Abinader. Ese resultado demuestra algo elemental: los dirigentes tienen votos reales. No solo seguidores imaginarios.

Quedan pendientes las decisiones de José Ignacio Paliza, Ito Bisonó, Wellington y otros dirigentes. También las de senadores, alcaldes y operadores territoriales. Gente que rara vez protagoniza las encuestas, pero conoce personalmente a quienes acuden a votar.

Y llegará enero. Si Collado deja Turismo para dedicarse a la política, tendrá que hablar. De salarios. De hospitales. De educación. De lo que cuesta vivir. Una cosa es conservar una imagen favorable. Otra, responder preguntas sin que intervenga el departamento de publicidad.

La supuesta polarización entre Collado y Carolina podría desaparecer. Incluso podríamos terminar viendo a las dos mujeres disputarse la nominación. Nada está escrito. El problema no reside en medir aspiraciones, sino en presentar como sentencia definitiva lo que apenas es una hipótesis interesada.

El PRM debería desconfiar de los triunfos prematuros. Sobre todo, de aquellos que se celebran antes de conocer a los votantes. Las encuestas tienen una virtud extraordinaria: siempre encuentran un ganador.

Las primarias, en cambio, cuentan los votos. Y allí las fotografías publicitarias sirven de muy poco.

Demuéstrame que estoy equivocado.

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