Desde su puesta en funcionamiento en el 2002, amparada en la Ley 87-01 de Seguridad Social, las administradoras de riesgos de salud (ARS) solo han servido para hacer más ricos a quienes las gestionan, porque los trabajadores siempre están “con el grito al cielo” por su limitada cobertura en servicios y medicamentos.
Enfermarse en este país está prohibido, aunque el trabajador tenga un seguro, porque sus familiares se verán precisados, si no tienen dinero u optan por la atención pública, a vender cualquier bien para pagar los medicamentos, consultas médicas y otros procesos, debido a que las ARS actúan como si la salud fuera un negocio cualquiera, sin tomar en cuenta la parte humana de quienes pagan todos los meses para recibir un servicio.
Para muestra solo basta acudir a una farmacia, donde las quejas son constantes por la frase más pronunciada por las vendedoras: “No le cubre ese medicamento”.
Otro dato importante es que “el no le cubre” viene generalmente luego de esperar mucho tiempo en la farmacia para que el dependiente ofrezca esa “buena noticia”.
En ese sentido, las ARS deberían, en coordinación con otras instituciones, habilitar una plataforma virtual para que los afiliados puedan consultar si los medicamentos son cubiertos o no por su ARS. Eso representaría un avance, y, quizás, un menor enojo de los trabajadores que malgastan su tiempo en una farmacia.
Otro sitio a donde los trabajadores afiliados al régimen contributivo de salud deben acudir bien resguardados de los bolsillos, es a la consulta médica, porque allí los asegurados pagan casi igual que los demás, ya que los doctores, sin consciencia o no, reciben muy poco de las ARS, pese al reciente aumento de un 50%.
En particular, tengo un tema pendiente con ARS Primera, porque esa empresa se niega a cubrir mi medicamento para la hipertensión, luego de que lo hacía todos los meses. Ahora argumentan que una molécula del fármaco fue sacada del catálogo, sin presentar la prueba de la sesión del Consejo Nacional de la Seguridad Social donde se tomó esa decisión, por más que la he solicitado.
Me niego a cambiarme de medicamento, como algunos me han recomendado, ya que me ha sido efectivo por más de diez años, porque mi presión se mantiene casi siempre en 120/80.
Y para colmo del juego, en Humano, su otra filial, cuando estaba haciendo un proceso para adquirir un seguro complementario, me condicionaron a renunciar a la cobertura médica por hipertensión, mediante la firma de un documento. Lo cual no acepté, por considerarlo inhumano.
Solo hago un llamado a humanizar a las ARS y bajar a “El comercio del dolor”, como se titula el libro escrito por la periodista especialista en salud, Altagracia Ortiz.
