Bailando con osos, taínos y más

Cierto es que conocemos muy poco de nuestra isla, de lo sucedido antes del choque
transcultural con los españoles del 1492. La codicia, el retraso evolutivo que España
tenía entonces, dio lugar a una explotación ambiciosa de cuanto había en estas tierras
virgenes. El “descubridor” traía abordo un Notario y preguntaba a los aborígenes que
encontraba, si no tenían objeción en que se tomaran esas tierras en nombre de la reina
Isabel la Católica.

Lógico es que aquellos pobladores no podían comunicarse por medio
de lengua alguna que no fueran los dialectos que hablaban y se asentaron como válidas
esas “certificaciones” notariales”. Es muy poco lo que se sabe de los pobladores
encontrados por los españoles, que llegaron en 3 oleadas mayores: los arcaicos, que
llegaron entre el 200 y 400 antes de Cristo; los Arawacos y Salicenos (pueblo antecesor
de los taínos) llegados entre 500 AC y d500 años DC quienes introdujeron la yuca; los
Taínos, arribados entre el 1000 DC y 1492, un pueblo Arawako amazónico con un
nivel neolitico avanzado, pero todavia en la Edad de Piedra, que no explotaban los
metales pero que extrañamente usaban El Oro como ornamento y que conocían la
agricultura. Muchas investigaciones serias se han realizado: Fernando Morbán Laucer
en Arqueología; Marcio Veloz Maggiolo, en arqueología y antropología; Bernardo Vega
en religión Taina y nuestro querido Manolito García Arévalo en iconografía y mitología
indígena. Ha escrito mucho sobre los cemies, que según Wikipedia: es un “conceptto
taíno que designa tanto a una deidad o espirirtu ancestral como a ciertos objetos
esculturales que alojan a dichos espíritus”. Antes que ellos, Fray Ramón Pané, Emilio
Rodríguez Demorizi, Fray Cipriano de Utrera.

Las investigaciones acerca de la fauna de la isla de la Hispaniola, como fue bautizada por los conquistadores el territorio de Ayití, muestran que en ella existió un oso de tamaño mediano de la familia de los “úrsidos” específicamente de los de ojos de cara corta (Tremarctinae) llamado el Oso
Antillano y científicamente “Tremarctos floridanus” cuya distribución incluía Florida,
el sureste de los Estados Unidos, Cuba y la Hispaniola, especie más pequeña que los
grandes osos americanos. Se cree que su peso oscilaba entre las 300 y 450 libras, y se
alimentaban de frutas, raíces y pequeños animales.

Hace unos años, en una visita guiada a la Cueva de las Maravillas, escuché hablar de este animal extinto del quehabían encontrado infinidad de huesos en una depresión profunda, que supuestamente
coexistieron con nuestros indígenas taínos y que, según los guías, se utilizaron en ritos y
ceremonias taínas. Sin embargo, parece que estos osos, desaparecieron antes de la
llegada de los taínos, dicen unos, unos 10,000 u 11,000 años y otros que hace unos
4,000 o 5000 años y que fueron extinguidos por su caza. Aquí tambien hubo perezosos
y jutías gigantes, un roedor de tamaño mayor que el ratón, y más grandes que las
escasas que aún existen en nuestro territorio que han sibrevivivido a la depredación
criolla. El único descendiente en la cadena evolutiva que existe hoy es el “oso de
anteojos” de Suramérica.

La educación dominicana apenas recoge elementos taínos y
esto ha hecho que seamos unos ignorantes prácticos de todo lo relativo a nuestros
antecesores. Es necesario que se difundan los resultados de las investigaciones de estos
autores mencionados y se procure que el conocimiento sobre nuestros pobladores
indígenas se haga del dominio popular. Se dedican muchos recursos para la
“propaganda” y es dable que se dediquen recursos a difundir las bases de la
dominicanidad cuyos ancestros remotos alcanzan a esa población aborigen cercana: los
Taínos y de ellos conservamos muchos vocablos.

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