El parque Las Praderas se ha convertido en un cementerio emocional para animales abandonados, gatos, particularmente. Esta semana, siete gatitos fueron dejados a su suerte, apenas entre las tres y cinco semanas de vida. Ahora intentan sobrevivir gracias a cuidados extremos: papillas, jeringuillas, calor humano. ¿Hasta cuándo esta crueldad impune? El abandono no es solo negligencia, es violencia, un delito penado por la ley 248-12. Las Praderas clama por vigilancia, sanciones y campañas de concienciación. Una buena nota es que los vecinos responsables empezarán a organizarse para trabajar en esa vía. Cada animal abandonado refleja una sociedad indiferente, enferma. La crueldad contra animales no es aislada, sino vertiente de nuestra violencia social.
