Sin asombro

Cuando en un país comienza a perderse la capacidad de asombro, vital para reaccionar y tomarse medidas frente a los males sociales, hay razón para gran preocupación por la insensibilidad y paralización que esto supone. Es algo particularmente inquietante frente a los frecuentes hechos de violencia delictiva y criminal que se registran en diferentes puntos de la geografía nacional. Se necesitan más esfuerzos y propuestas concretas para detener la estela de sangre, dolor y angustia que no parece tener final o por lo menos disminuir. Desde los medios se necesitan más llamados sobre este problema, que hay que enfrentar más allá del registro puro y simple de los hechos.

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