Las autoridades tienen la responsabilidad de dar seguimiento constante en cuanto a los gatos del parque Las Praderas; reunir evidencias sólidas del maltrato y, de ameritarlo, sancionar ejemplarmente a los responsables. Pero también deben mirar hacia el futuro: implementar medidas sostenibles como refugios seguros y programas de castración. La protección de los felinos no puede depender de momentos de indignación pública. Requiere vigilancia, voluntad política y estrategia a corto, mediano y largo plazo. La comunidad observa y los animales, aunque no puedan alzar la voz, merecen justicia, respeto y tranquilidad. Que la reciente intervención de la unidad a cargo de Roxanna Reyes auspicie el inicio de un cambio real.
