La celebración del “hambre cero” subraya la ironía de que avanzamos más cuando las metas vienen de afuera. No es nuevo. Nuestro vigente Código Penal nació en Francia; el Procesal Penal fue moldeado por Estados Unidos, igual que las leyes de extinción de dominio y antisoborno. Incluso la transformación demográfica -de ocho hijos por mujer en 1960 a apenas 1.97 actualmente- no brotó de consensos internos, sino de programas internacionales de planificación familiar. Hay quienes denuncian la injerencia extranjera, pero en estos casos los hechos sugieren otra lectura: sin ese empuje externo, ¿habríamos logrado algo parecido? Tal vez nuestro mayor obstáculo no es la falta de recursos, sino incapacidad de acordar.
