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Una vez tuve la oportunidad de disfrutar de un viaje para periodistas hacia El Salvador, al que me enviaron como reportera de CDN, si mal no recuerdo, fue en el año 2007. La experiencia fue maravillosa, allí compartí con colegas de Brasil, Puerto Rico, Argentina, Chile, entre otras nacionalidades.

Hubo un momento muy jocoso cuando nos trasladábamos hacia uno de los lugares que teníamos agendado conocer. Dentro del autobús, una ventana estaba abierta totalmente y pedí al que estaba cerca que la cerrara un “chin”.

¿Un qué? –me pregunta–, y a seguidas vuelvo y le repito “que cierres un chin la ventana, por favor, porque me desgreño y la brisa me hace lagrimear”.

¿Qué es un “chin”? –me pregunta confundido. Ahí supe que estaba utilizando entre extranjeros un dominicanismo, una palabra muy de nosotros los criollos y procedí a explicarle con varios ejemplos que era sinónimo de “poco”.

El momento fue muy gracioso, porque todos en el autobús rieron tras escuchar el intercambio cultural con el colega que no entendía mi muy usada palabra “chin”, mientras la brisa me molestaba y yo trataba de entender por qué no terminaba de cerrar la ventana un poco, como le pedía.

Recordé esta anécdota tras dar lectura al artículo “10 dominicanismos que quizá no conozcas”, de la autoría de la colega Ruth Ruiz, correctora y coordinadora de Fundéu Guzmán Ariza en República Dominicana.

Ruiz explica que el sustantivo “chin”, es el dominicanismo que alude a la poca cantidad o pequeñez de algo (un chin de comida, un chin lejos) o, menos usual, a la estatura o juventud de alguien (un chin de gente). “Pero chin no anda solo: con chininín, chiningo y chininingo forma una familia léxica que se emplea para expresar una variedad indeterminada de unidades de medida que, en la mayoría de los casos, solamente un dominicano entenderá”, explica la periodista y correctora.

Recuérdenlo: los dominicanismos son esas palabras del español hablado propiamente en la República Dominicana y, en el artículo que cité, comparten otros como: concón, can, maroteo, chichigua, teriquito, entre otros.

En el caso de “brigandina”, otro dominicanismo, Ruiz nos explica que esta palabra aparece en el léxico nuestro en la primera mitad del siglo XX.

“Una de varias teorías plantea que se formó por la derivación del nombre de una compañía norteamericana (Bridge and Dine o Bridges & Dine) que adquirió mala reputación por construir unos puentes que colapsaban con facilidad. Algo hecho a la brigandina es una cosa mal hecha, generalmente de prisa y sin cuidado”, cita Ruiz en su artículo, a modo de edificar, porque todo, al igual que las palabras, tiene su historia.

¡Gracias por leerme!

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