¡Corrientes vivas!

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Si Dios muestra Su amor como una luz que no se extingue, ¿quiénes somos nosotros para no amar en todo momento?

Con su ejemplo, nos hizo evidente que el amor como tal, ante todo se demuestra, se comparte y se compromete, vuelve a renacer en los cauces del dolor, se justifica en la entrega total, se magnifica en las arenas de la lucha, se expone en la amistad sin tregua, perdona lo imperdonable y se impone en el terreno de lo imposible. Amar es el mayor desafío de la vida, la mejor aventura y la misión más noble. Implica grandeza, sinceridad y propósito y una vida que le dé sentido a sus corrientes vivas, esas por donde Dios mismo se deja sentir.

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