Cuestión de fe

La fe no es algo que pudiera aprenderse ni estudiarse en unas sagradas escrituras para recitar de memoria los capítulos y versículos. Es la confianza plena de que alguien vela por ti, silenciosa y certeramente, que te protege sin abstraerte de la realidad porque no te libera de sus peligros; al contrario, te enseña a afrontarlos con las herramientas que necesitas y dándote las fuerzas para mantenerte en pie porque de otro modo no puedes sostenerte. Ya lo hizo con Daniel y los leones.

Es ese brazo que en medio de la tormenta no permite que te hundas, pero que tampoco evitará que pongas a prueba hasta cuánto y cuándo puedes aguantar. Es el abrazo sereno cuando la desesperación te ha llevado a los límites de tu propia naturaleza humana. Así lo hizo con Noé.

No está en una investidura, oropeles o sacramentos huecos, tampoco en una ocupación exclusiva, no se enclaustra en un templo ni se amarra a una religión o en rituales absurdos vacios de esencia y espíritu. Está más allá de los símbolos, en lo sencillo y lo sublime que se transmite con sutileza, sin aspavientos, carente de ceremoniales, con la misma placidez de una suave brisa, no a través de un mar bravío del histrionismo o fingidos arrepentimientos. Lo vimos con la virgen María.

No es ensoñación, es vigilia y expectativa, una luz tenue en la oscuridad que se conserva con fervor en el alma porqueestamos en sus manos. Tal como lo entendió Abraham.

Es acostarte con la convicción de que amanecerá y que el sol volverá a asomarse cuando la luna desaparezca. Es la tranquilidad de saber que los tuyos están protegidos porque un ser inexplicable para el juicio terrenal los cuida, los arropa en un manto invisible, abarcador y firme que es lo suficientemente amplio como para permitir la libertad de elección. Lo experimentas diariamente en ti.

No se percibe con el entendimiento de la ciencia, surge como un manantial borboteante desde el corazón. Es acción en movimiento, no un nombre frío y desprovisto de valor. Es testimonio vivo, no historias inertes porque para creer no se necesita ver, basta cerrar los ojos, suspirar profundo y luego, solo sentir.

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