El PRM debe cuidarse de que dentro de sus propias filas se infieran entre compañeros heridas que no cicatricen. Eso pudiera ocurrir con las campañas que pagan “presidenciables” para descalificar o detractar a competidores internos, para lo cual recurren a influencers u opinadores que propagan improperios en lenguaje soez.
Para ubicar y saber quién del PRM pudiera estar detrás del descrédito, como cuando se investigan crímenes, solo hay que seguir el rastro del flujo de dinero (follow the money). La plata que patrocina esos programas o plataformas digitales sale de contratos publicitarios de instituciones que los “presidenciales” dirigen y desde las de otros funcionarios que apoyan sus aspiraciones.
Inclusive, con tan poca discreción que les encanta reservarles a esas “bocinas” las primeras filas en sus actividades institucionales.
