El mundo parece incendiarse, con confrontaciones cotidianas que involucran a gente que tiene en su poder armas nucleares. Mal negocio ese de apostar a la guerra como si se tratara de un jueguito de Nintendo, sin que asome alguna mente que pueda influir aunque sea para apaciguar lenguajes levantiscos. Da grima que entre los personajes de mayor poder que hablan de invadir o reprimir como si jugaran a “quítame estas pajas”, hay algunos, ¿o solo uno?, parecido al bombero loco, que apaga el fuego con gasolina. Sin un apafuegos, o simplemente quien dé la cara, el mundo se gasta un concierto de “líderes” imprudentes. El desasosiego campea, con la peligrosidad de que a la ONU, que sería la indicada, ellos mismos la han convertido en una instancia inútil.
