A ndrés Bautista conoce la política. Fue senador. Presidió el Senado. Fundó el PRM con otros dirigentes. Ahora, desde el Ministerio Administrativo de la Presidencia, observa una disputa en Espaillat que plantea una pregunta incómoda. ¿La candidatura de su hijo Enmanuel responde únicamente a las aspiraciones del hijo?
Tengo una sospecha. Quizá Enmanuel no sea el protagonista definitivo. Quizá Andrés esté considerando regresar al Senado. No afirmo que así sea. No tengo pruebas. Pero las preguntas también forman parte del periodismo. Sobre todo cuando nadie parece dispuesto a formularlas.
Carlos Gómez, actual senador, no llegó al cargo por una invitación de cortesía. Compitió. Trabajó. Asumió riesgos. Tiene derecho a buscar la reelección. Y sus adversarios tienen derecho a disputársela. Lo que nadie debería tener es una ventaja derivada del cargo que ocupa su padre en el Gobierno.
Bautista cultivó durante años una reputación de hombre tolerante. De dirigente capaz de negociar sin convertir cada desacuerdo en una enemistad. Por eso sorprende la intensidad de esta confrontación. Hay disputas partidarias que pueden librarse sin comprometer la imagen de las instituciones.
¿Sabe Luis Abinader lo que sucede? Seguramente conoce la controversia. Pero conocerla no basta. Un presidente también debe recordar a sus funcionarios dónde terminan sus atribuciones públicas y dónde comienzan sus preferencias políticas.
Algunos mencionan House of Cards. No hace falta exagerar. La política en Espaillat produce suficientes episodios sin pedir asistencia a Netflix. Aunque convendría evitar que las decisiones de un partido parezcan tomadas en oficinas pagadas por todos.
Según las encuestas mencionadas en esta disputa, Gómez conserva una ventaja amplia frente a sus posibles competidores. Conviene conocer sus datos antes de sacar conclusiones definitivas.
Andrés puede apoyar a Enmanuel. También puede aspirar personalmente. Ambos escenarios son legítimos. Lo que sería difícil justificar es una competencia condicionada por influencias oficiales. Los partidos suelen perder más por sus conflictos internos que por las críticas de la oposición. Y después acostumbran a fingir sorpresa ante los resultados electorales. El PRM pretende conservar el poder en 2028. Debería empezar por respetar sus propias reglas.
Y queda la pregunta. ¿Enmanuel quiere ser senador? ¿O Andrés quiere volver?
Demuéstrame que estoy equivocado.
