Al que Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga, se podría decir de los que disfrutan de bienes en exceso, a los que no hay que poner ningún pero salvo que hayan sido adquiridos en forma ilícita. Pero a veces poseer mucho mientras otros disponen de poco, agranda los niveles de desigualdad social y, peligrosamente, la brecha entre ricos y pobres. Tanto se agranda, que la ONG británica Oxfam dice que el 1% de la población mundial amasa más riqueza que el restante 99%.
Son cifras que evidencian una espantosa división social entre los que tienen en demasía y los que tienen poco o nada. Lo malo es que existe la mala costumbre de pedir más sacrificios a los que menos pueden, cuando debe hacer lo contrario.
