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La semana pasada los cinco embajadores de la Unión Europea eligieron el lugar donde está la estatua de Fray Antón de Montesinos para reconocer a la Procuradora General de la República, doctora Miriam Germán Brito.

Montesinos, fray de la orden de los dominicos, famoso por su sermón en defensa de los indígenas por parte de los colonizadores donde reclamaba por la caridad y justica. Cabe preguntarnos, ¿Si Montesinos pudiera volver a reclamar, su grito sería muy diferente?

Hoy la caridad es un concepto manido que muchos olvidan, se piensa que caridad es sólo aportar recursos a aquellos menos afortunados, pero es un concepto mucho más amplio.

Caridad es respetar al prójimo, caridad es respetar la diversidad, caridad es utilizar las redes para comunicar no para apabullar, no para denostar, no para fusilar la moral de los demás.

Caridad es no juzgar a priori, porque al inocente se le condena sin un proceso judicial limpio.
Cuando Montesinos hablaba de justicia lo hacía en defensa de los indígenas que eran maltratados por los colonizadores.

Fray García de Loaysa y Mendoza amonestaba a los frailes y les exigía cambiar su actitud y a pesar de las intimidaciones estos mantuvieron sus firmes posiciones en busca de justicia a los nativos de la isla.

Hacer este reconocimiento en el monumento a Montesinos es devolver la importancia que tiene y los embajadores de los cinco países que reconocen hoy a la magistrada Miriam Germán Brito asumen, sin saberlo, el papel de aquellos frailes que se les quiso impedir venir y para hacerlo debieron pedir prestado para cubrir sus viajes.

De la misma manera como fueron atacados los indígenas por los colonizadores, lo fue Miriam Germán Brito. Su pecado fue ser recta, tener una hoja de vida intachable, se le quiso castigar con el látigo del anonimato, con un papel salido de la oscuridad, de la intriga, el irrespeto a la familia y en un cuestionamiento que se quiso convertir en un fusilamiento.

En ese reconocimiento que le hace la Unión Europea, en la persona de su embajadora Katja Afheldt, la estatua de Montesino recobra vida y dice claramente “que ella y sus colegas reconocen a personas u organizaciones que defienden los Derechos Humanos, que son los valores, los pilares sobre los que se funda la Unión Europea y guían la acción de cada uno de esos países, hoy representados en el nuestro.

Dice la Embajadora que este año quieren mandar una señal inequívoca acerca de la importancia de la democracia, del Estado de Derecho y más aún, de recordar que todos los ciudadanos son iguales ante la ley.

Con mucha razón dice que un estado moderno es el que promueve la lucha contra la corrupción y la impunidad, pero muy importante es el Estado de Derecho el que le otorga confianza al ciudadano para hacerse dueño de un proceso democrático y contribuir al desarrollo de un clima político estable que al final tendrá un impacto en el crecimiento económico con oportunidades para todos.

Nuestra magistrada Germán encarna el deseo de transparencia que los dominicanos necesitamos y que muy bien reconoce la Unión Europea al definirla como una persona que ha consagrado su vida a la defensa de esos valores que predica y vive. Su trabajo en favor de la democracia constitucional, el apego a los principios de la ley al igual que Montesinos le serán reconocidos por muchos años y por muchas generaciones.

Hoy más que nunca, magistradas como Miriam German Brito son necesarias, que, sin estridencias, sin montar espectáculos, sin necesidad de parafernalias, van trillando esa justicia que tanto anhelamos.

Es justicia que no sale de una nota anónima, es esa justicia que no sale de la redes, es la justicia que surge de la soledad del juez que apegado a los cánones legales, medita sobre la justa sentencia del que ha violado nuestras leyes.

Cuando Miriam Germán Brito fue entrevistada para optar por un cargo en las altas cortes se le quiso demostrar riqueza que no tenía, más sin embargo la gran herencia que le dejara a su familia y a todos los dominicanos es un ordenamiento jurídico que procure procedimientos justos que impactará en el crecimiento económico, convertido en un imán para atraer inversiones de fuera y de dentro, que tendrán como incentivo un ordenamiento jurídico igual para todos.

Un ordenamiento que evite el chantaje, que evite que para poder acceder a permisos, servicios, sea necesario buscar un “enllave” o sea necesario engrasar para poder trabajar.

Hoy gracias a la Unión Europea no olvidamos el grito de justicia y caridad de Montesinos, hoy gracias a Miriam Germán Brito, pero ese es un grito que tiene que resonar y hacerse realidad en cada rincón de nuestra República Dominicana, “Caridad y justicia”.

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