Leonel y la antorcha

Leonel Fernández anunció que entregará la antorcha después de 2028. La noticia contiene una palabra interesante: después.

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Leonel Fernández anunció que entregará la antorcha después de 2028. La noticia contiene una palabra interesante: después. Antes, por supuesto, pretende competir. Algunos dirigentes anuncian su retiro con tanta anticipación que todavía les queda tiempo para solicitar otro período.

No hay motivo para escandalizarse. Leonel fue presidente tres veces. Conoce el Estado, los partidos y las elecciones. También conoce la derrota —una experiencia que suele enseñar más que diez discursos de victoria—. Si quiere presentarse nuevamente, está en su derecho. Lo demás corresponde a los votantes.

La edad tampoco debería descalificarlo. Balaguer volvió. Lula volvió. Pero los antecedentes no votan. Y haber presidido el país tres veces no constituye un argumento suficiente para solicitar una cuarta oportunidad.

Omar Fernández merece una consideración distinta. Tiene condiciones, juventud y reconocimiento público. Lo que todavía necesita —como cualquier aspirante serio— es demostrar hasta dónde puede llegar sin depender de su padre. Ser hijo de un expresidente facilita las presentaciones. No resuelve por sí solo los problemas nacionales.

La elección de 2028 exigirá algo más que biografías. Quien gane podría encontrarse con un Congreso dividido, partidos exigentes y ciudadanos agotados de promesas. Gobernar en esas condiciones requerirá capacidad para negociar y, sobre todo, tolerancia frente a quienes piensan diferente.

En el PRM también hay aspirantes con experiencia. Algunos conocen el Gobierno. Otros conocen mejor a sus funcionarios. Conviene no confundir ambas habilidades. Leonel haría mal en despreciarlos. Ellos harían peor en suponer que basta con ocupar cargos para merecer votos.

Y queda un asunto incómodo: la abstención. Muchos dominicanos escuchan las ofertas electorales con una indiferencia perfectamente comprensible. No necesitan que les expliquen quién tiene más encuestas. Necesitan saber quién puede mejorar sus vidas.

Leonel anuncia la sucesión. Omar espera su momento. Los partidos discuten nombres. Los dirigentes calculan posibilidades. Todos parecen tener resuelto el futuro de una ciudadanía a la que consultan cada cuatro años.

La pregunta pendiente —bastante menos agradable que una fotografía de familia es—: ¿quieren los dominicanos otro gobierno de Leonel Fernández?

La respuesta no pertenece a Leonel ni a Omar. Y menos todavía a quienes ya distribuyen cargos imaginarios.

Demuéstrame que estoy equivocado.

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