Una de las ventajas del argot o lunfardo, jerga considerada de bajo nivel y que no figura en los diccionarios oficiales, es que suele resumir un concepto en una sola palabra, que adquiere un significado multívoco por ese uso.
Así, en Colombia es “chimbo” todo objeto defectuoso, y en Venezuela se usa “caimán” para referirse a cualquier material o artefacto de mala calidad o de procedencia dudosa.
En Argentina las dos palabras más recurridas son “pistola” o “berreta”, se supone que en un principio estas armas pequeñas, casi siempre copiadas en talleres clandestinos y vendidas como auténticas, incluso con la denominación de marca Beretta, presentaban muchos fallos, de ahí que, según algunos, “berreta” sería una modificación del nombre de las pistolas, “trucho” o “trucha” se llama también en argot rioplatense a una copia de mala calidad.
El argot o lunfardo tiene varias fuentes de alimentación, una parte proviene del bajo mundo y del lenguaje carcelario, que deforma las palabras o les da otro significado para que el resto no entienda de qué se habla.
Los dominicanos tienen varios términos para referirse a imitaciones burdas de objetos que pueden abarcar desde relojes y electrodomésticos, teléfonos celulares, prendas de vestir o artículos deportivos, el más usado es “carabelita” para mencionar todo lo que es barato y, por lo tanto, no se espera que funcione adecuadamente ni tenga demasiada duración.
“Chuipi” suele ser la onomatopeya del chasquido de la lengua cuando se expresa fastidio, de la que deriva el verbo “chuipear” que equivale a rezongar, pero “chuipi” es todo lo barato y malo.
“Baratela” es otra palabra, seguramente derivada de bagatela referida a cualquier cosa de bajo precio y de mala calidad, a veces ropa que destiñe al primer lavado, según algunos dominicanos. “Chopo” o “chopa” por referencia despectiva a quienes hacen trabajos poco calificados como limpiar y barrer, significa también de baja calidad, y “cuquicá”: de poco valor, barato y que se rompe fácilmente, igual que “chimi”, derivado de “chimichurri”, una especie de emparedado callejero dominicano.
Si algo caracteriza al lunfardo, es la creatividad popular que origina sus términos, de ahí que conocerlos es una forma, casi siempre divertida, de adentrarse en las culturas.
