Cuerpo de mujer

“La influencia del medio” era un concepto muy recurrido en los años setenta para explicar determinadas conductas sociales, como las modas relacionadas con la ropa, la figura y el aspecto exterior de las personas, que en el caso de las mujeres tiene que ver con el cuerpo.

Ocurre que las mujeres en general nunca han sido totalmente dueñas de su cuerpo, porque siempre hubo una moda, determinada por el grupo social al que pertenecieron, que indicaba el aspecto que debían lucir para que esos cuerpos fueran usados por los amos, por sus parejas, por quienes las compraban.

En la sociedad moderna, a partir de la masificación de la industria de la belleza (indumentaria, cosmética, pelo, aspecto físico) pese a que se pregona una cierta independencia, siempre son decisiones externas las que determinan qué prendas vestir, qué maquillaje usar, cómo lucir el pelo, y eso es apenas “la punta del iceberg”.

En la Europa de posguerra una modista llamada Cocó Chanel inventó un trajecito que la mayoría de las oficinistas usan hoy día, pantalón o falda y chaqueta del mismo color, que en algunas empresas es obligatorio, pero esa mujer también “inventó” el cuerpo ideal, una cárcel de 90-60-90 en la que casi todas las mujeres sueñan con encajar, y que en la mayoría de los casos solo es posible con un milagro.

Ese cuerpo ideal, esa cárcel a la que casi todas las mujeres pretenden entrar ha dado lugar a la proliferación de dietas, de operaciones para eliminar grasas, de liposucciones y cirugías para moldear el cuerpo y conseguir que, si no entra en ese molde, por lo menos se aproxime.

Ese culto del propio cuerpo lleva a agotadoras sesiones en gimnasios, a la tortura de los baños sauna, al suplicio de no comer para no engordar, a desviaciones que terminan enfermedades difíciles de tratar como la bulimia y la anorexia, entre otros tantos problemas que acrecientan los estados de ansiedad y las neurosis que padece una enorme cantidad de mujeres en las sociedades actuales.

Y la mayor contradicción estriba en que, mientras se rinde culto a modelos anoréxicas, la industria alimentaria inunda los centros comerciales con mil “tentaciones” de comida rápida…

Siempre es difícil sustraerse a los dictados de la sociedad, quizás las mujeres debieran no darles tanta importancia, y vivir en lo posible, como se les dé la gana…

Posted in Desde mi ventana, OpinionesEtiquetas

Más de opiniones

Más leídas de opiniones

Las Más leídas