El arte de insultar

Decía el profesor Australio Pithecus en una conferencia que se conserva en la frágil memoria de dudosos asistentes: “El insulto suele confundirse a menudo con las malas palabras, y si bien es cierto que para insultar muchas veces se utilizan dichos términos, hay una diferencia sutil, una mala palabra casi siempre es de origen sexual o referida a cosas que producen asco. El insulto en cambio, puede prescindir de ellas y reemplazarlas por elaborados conceptos que significan lo mismo: primogénito de meretriz, vástago de cortesana, dado a luz por una trotacalles” ejemplificaba el docto investigador.

¿Por qué le damos al insulto la categoría de arte? Se pregunta el catedrático americano Stan Golpiando: “Porque no insulta ni ofende quien quiere sino quien puede”, se responde él mismo, y esto significa que es fácil llenar de improperios al conductor desaprensivo, casi siempre un motoconchista, que pisa un charco y nos salpica hasta las orejas, pero el insulto como arte tiene un carácter especial, que consiste en que ni siquiera se le parezca.

El escritor turco Tusik Ejhodes elaboró alguna vez una inhallable lista de elaborados insultos que aparecen en antiguas publicaciones.

“Su porte real, señora, me recuerda a una famosa reina que figura en la historia porque fuera consorte de Felipe el Hermoso”.

“Créame usted que su inteligencia y su lucidez me recuerdan al famoso autor de la teoría de la relatividad y su frase sobre las dos únicas cosas infinitas que existen”.

“Es increíble que usted haya podido llegar adonde está en este momento, si tomamos en cuenta el gran porvenir que ha dejado atrás”.

A riesgo de sobrecargar esta columna con aclaraciones obvias o innecesarias, cabe destacar que la reina de la primera frase es Juana la Loca, que lo que dijo Einstein, creador de la teoría de la relatividad, se refería a que solo hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez “y de la primera no estoy tan seguro”, decía el sabio.

En el caso del porvenir que se dejó atrás, el insulto obviamente está en que el porvenir se refiere al futuro, algo que la persona aludida ya no tiene.

Lamentablemente, este mundo globalizado de redes sociales ha ido sepultando este arte en un mar de “fake news” llenas de errores de ortografía y absoluta falta de creatividad.

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