El Nobel de literatura

Establecido en 1895 en el testamento de Alfred Nobel, científico sueco inventor de la dinamita, el Premio Nobel de Literatura se entregó por primera vez en 1901, al poeta francés Sully Prudhomme. Aunque se considera el máximo galardón mundial para todo escritor, como toda distinción sometida al criterio de los académicos, al contexto sociopolítico internacional y a otros factores, nunca estuvo exento de polémicas ni de ácidas críticas de literatos, especialistas y gobiernos.

El primer escritor de habla hispana distinguido fue José Echegaray, a quien muchos recuerdan más como ingeniero que como literato, cuyo nombre ni siquiera figura en los libros de enseñanza de la literatura universal. No alcanzaría este espacio para mencionar a todos los premiados que han generado controversia, así que citaremos solo algunos casos que fueron verdaderos desatinos de la academia sueca.

El más reciente de todos, según los expertos, es el otorgado a Bob Dylan en 2016, ácidamente criticado porque Dylan nunca fue escritor ni pensó jamás en escribir literatura. Diez años antes, en 2006, el escritor turco Orhan Pamuk también fue galardonado porque “en la búsqueda del alma melancólica de su ciudad natal, descubre nuevos símbolos del choque y el entrelazamiento de culturas”, una decisión rechazada por la gran mayoría de los académicos turcos.

Herta Miller, una escritora rumano-alemana que apareció en 2009, desconocida para la gran mayoría de lectores de todo el mundo, obtuvo este premio que solo sirvió para hacerla famosa durante algunos meses al aparecer en las noticias, más que por la popularidad de sus libros.

En 1907 la academia sueca otorgó el Nobel de Literatura a Rudyard Kipling, escritor inglés que pasó a la historia por su poema If (Si), un mensaje a su hijo en el que traza un plan de vida basado en altísimos ideales, pero que en la práctica fue un hombre racista, colonialista y misógino.

La academia sueca ha sido históricamente eurocentrista, y aunque en los setenta estuvo influida por la socialdemocracia europea, muchas de sus decisiones responden a criterios políticos; por ejemplo, le otorgó el Nobel a Pablo Neruda, militante comunista, pero se lo negó a Borges, por su apoyo a las dictaduras militares.

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