La desmemoria de Gustavo

El libro de cuentos de Gustavo Olivo; Desde un costado de la (des)memoria, tiene un título tramposo, porque los escritores de por sí suelen ser memoriosos y Gustavo, sabio desgranador de anécdotas y de historias propias y ajenas sabe ejercer a cabalidad el oficio de recordar, como todo buen periodista, curtido en las redacciones y en la vida, testigo privilegiado de las vicisitudes de este país.

Los relatos a los que asistimos en estas páginas combinan la frescura de un narrador que a un exquisito manejo de la palabra suma el talento de crear la necesaria dosis de suspenso, junto a la simpleza de una prosa desnuda de artificios, pero rica en detalles colocados en el lugar exacto.

Cada uno de estos cuentos tiene sus virtudes propias, desde la atmósfera de misterio y superstición campesina de La verdadera historia de Lu Bertrand y Pedro el Cruel hasta el tono intimista, casi romántico de La mirada, historias que se disfrutan por la profundidad de la trama y por el “trazado” de los personajes, por el mundo interior que se intuye en cada uno de ellos, sus miedos y contradicciones.

Gustavo Olivo ha tardado un poco en revelarse como escritor, luego de una larga trayectoria como redactor y editor en varios periódicos de esta capital, desde elCaribe hasta Clave Digital y ahora en el portal Acento, donde tiene a su cargo el espacio televisivo A partir de ahora, en el que dialoga con connotados referentes de la cultura dominicana.

Los cuentos de Gustavo tienen un trasfondo de magia elaborada desde una perspectiva muy personal, de alguien que conoce la idiosincrasia del dominicano y que tiene la capacidad, propia del artista, de representarla con suficiente claridad y al mismo tiempo decir a través de lo que sugiere, más que de lo que expresa textualmente.

El relato que cierra este libro es un monólogo que retrata de manera magistral una de las pasiones más miserables que puede experimentar un individuo, la envidia, un sentimiento que acaso sea tan común en el mundo en que vivimos, y que mueve a los seres humanos por los extremos imperdonables de la falsa admiración hasta el asesinato.

Asomarse a los cuentos de Gustavo es abrir una ventana al disfrute de la palabra y de la imaginación.

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