La moda

Alguien escribió alguna vez que llamamos moda a lo que nos parecerá risible dentro de algunos años y, aunque suena cómico y es absolutamente cierto, es algo que trasciende la ropa y los accesorios que se usan todos los días en distintos ámbitos.

Como fenómeno social es un negocio de grandes empresas que estudian tendencias y definen el tipo de ropa, carteras, calzados y bisutería que se deben usar en determinados segmentos de población, de manera que los niños, los adolescentes y los adultos tienen disponible –siempre y cuando puedan pagar- todo cuanto deben lucir para encajar en el molde establecido por las grandes marcas.

Quien esto escribe alguna vez fue joven, y si bien sufrió las precariedades de los pobres, vivió una época en que los pantalones de botamanga ancha reinaban junto a las camisas ajustadas, largas melenas lacias que se peinaban con un fijador que dejaba el pelo brilloso y al día siguiente al levantarse había que quitar con mucho jabón y un agua que salía oscura por la cantidad de polvo acumulado.

También se usaban zapatos de plataformas, incómodos para los varones y mucho más para las chicas, porque eran más altos, así que era normal, sobre todo en verano, ver a las muchachas ir al baile con sus zapatillas altísimas y volver de madrugada, descalzas y con sus plataformas en las manos.

En los ochenta se pusieron de moda las hombreras, que les daban a las chicas un aspecto de robot, después aparecieron otros “detalles” como las melenas leoninas que implicaban largas horas de salón con rolos huecos recalentados que moldeaban el cabello en rizos enormes.

Pero cabe reconocer, sin embargo, que la moda es también expresión de sentimientos, afirmación de individualidad y de identidad en una época determinada, de tal manera que una jovencita jamás se pondría una prenda usada por su madre en esa misma edad.

También es un indicador del signo de los tiempos, es decir que la vestimenta permite distinguir las épocas en que transcurrieron determinados acontecimientos y, casi siempre, cuando miramos fotografías de hace más de treinta años, la sonrisa que despiertan las imágenes contrasta con la preocupación que vemos en nuestros hijos y nietos por diferenciarse de nosotros con las prendas extravagantes que se usan hoy día…

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