Las ferias y los libros

Cada feria del libro es un acontecimiento cultural que, durante unos días, convierte a los libros en objetos deseados, sometidos al mimo que equivale a pasar de mano en mano, hojeados y ojeados y, en algunos casos, la gente los compra.

Muchos escritores, noveles o consagrados, la aprovechan para poner a circular sus obras y ocasionalmente, más por el azar que por el interés que puedan despertar sus publicaciones, consiguen vender unos cuantos ejemplares.

Ocurre que las ferias del libro se parecen a los conciertos masivos, son espectáculos a los que la gente acude en tropel no para escuchar a los artistas, sino para demostrar con su presencia multitudinaria la bulla ensordecedora que es capaz de generar ante el escenario.

Los contrasentidos son muchos y variados; en un mundo que ya no lee, la gente acude en masa a la feria del libro solamente para ver, para recorrer, en muy pocos casos para comprar y casi siempre, los libros que se compran van a parar a estantes donde dormirán un largo sueño hasta que alguna vez, con un poco de suerte, comiencen a ser leídos.

Personalmente recuerdo una feria de hace varios años, mucho antes de la pandemia, cuando Ecuador fue el país invitado. Acudí con la esperanza de encontrarme con obras de los grandes escritores y poetas de ese país, como Alfonso Barrera, Jorge Carrera Andrade, Guido Jalil, pero no… no había nada de estos ilustres autores, cuando le pregunté a la responsable de la delegación, una muchacha tan bella que parecía una modelo, descubrí que ella tampoco los conocía y la impresión que me dio fue que la lectura ni siquiera figuraba entre sus aficiones.

Sin embargo, lector incorregible al fin, suelo acudir durante los últimos días, cuando el flujo de gente ya ha disminuido, y recorro los estantes donde aparecen ejemplares viejos, con la esperanza de encontrar alguna gran novela olvidada, un poemario antiguo de hojas amarillentas, un libro de relatos parecido tal vez a los que poblaron mi infancia de viajes y aventuras en paisajes lejanos…

Al fin de cuentas, las ferias están para que cada cual revuelva y desacomode en busca de lo que espera encontrar… a veces hay suerte, y la felicidad aparece impresa y sin fecha de vencimiento.

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