Mejor mañana

Imagino que le sucede a casi todo el mundo eso de vivir con algo pendiente, una obligación, un trabajo que entregar, una nota que publicar, un trámite que tiene un plazo definido y que no es posible extender, pero los días pasan y pasan y no se hace nada, se espera hasta el final, como si por obra de un milagro o de una imposible conjunción de planetas y astros que transformará el universo seremos liberados de esa obligación que, como la espada de Damocles, pende sobre nuestras cabezas.

Ese dejarlo todo para después, esa postergación de lo que obligadamente tendremos que ejecutar y de lo que es imposible liberarse, se llama procrastinación y, según algunos sicólogos y especialistas de la conducta, tiene varias causas relacionadas con la personalidad, traumas de la niñez, incapacidad para responder de inmediato a lo que se considera una penosa obligación.

Se dice que Bach y Mozart fueron procrastinadores en algún momento de sus vidas, que incluso solían delegar determinados trabajos, aunque, a simple vista cuesta creer que dos músicos tan geniales, que han compuesto cientos de obras increíbles, hayan podido ser procrastinadores, Mozart escribió 636 obras en 30 años, lo que da un promedio de poco más de una obra por mes, y da pie a pensar ¿cómo se puede considerar flojera a esa capacidad de crear de manera constante y con tanta calidad?

Sin embargo, la procrastinación obedece, según la sicología moderna, a diferentes causas, entre ellas la incapacidad para asumir como una obligación una tarea que se vuelve monótona con el paso del tiempo, un trabajo que por más entusiasmo que se ponga pasará como uno más en el fárrago de productos de una cadena y será visto con brutal indiferencia por los demás.

En nuestro país, el dejarlo para mañana es una cultura tan arraigada como la de poner candado después del robo, lo vemos cuando comienza el periodo de renovación del marbete, durante los sesenta o noventa días que dura el plazo, al principio muy pocas personas aparecen en las bocas de renovación, pero los últimos tres días, las filas llegan hasta cien metros, es como si para una gran mayoría de la población dominicana el principio rector fuera “no dejes para mañana lo que puedas hacer pasado mañana”, es una cultura, qué le vamos a hacer.

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