Procrastinación

Según la RAE, procrastinar significa diferir, aplazar, es decir, dejar para después y, aunque parezca pereza o desidia, en la práctica no es fácil ser un procrastinador, es más, es casi tanto o más trabajoso que cumplir a tiempo con la obligación que se posterga.

Lo primero que trabaja –y se esfuerza por demás- es el cerebro, que pone al procrastinador a buscar argumentos para justificar su desgano o su rechazo a ejecutar esa tarea que de todos modos es inevitable. Esas justificaciones van desde “lo haré mañana o pasado” a “eso lo resuelvo en un ratito”, mientras los dedos pasan por el control remoto en busca de una película que al final no se disfruta, porque la espinita clavada en alguna parte aparece cada tanto para recordarle que no puede dejar de hacer eso que tiene que hacer.

Se puede recurrir a consuelos que, como todos ellos, resultan siempre flacos o insuficientes, por ejemplo, que Leonardo da Vinci era un procrastinador según algunos biógrafos, o Mozart, que compuso la obertura de la ópera Don Giovanni la noche antes de su estreno, o Frank Lloyd Wright, el genio de la arquitectura que diseñó la casa de la cascada… si ellos procrastinaron, yo, que ni siquiera soy un prodigio, al menos puedo parecérmeles aunque más no sea en eso…

Cuando un carpintero tiene que entregar un mueble la excusa: “Todavía no está listo” o “la pintura no seca, mejor venga mañana” puede funcionar, en cambio el ilustrador que debe concluir sus dibujos para una fecha exacta tiene que pasarse toda una noche sin dormir para terminar a tiempo.

Los columnistas de periódicos, entre una entrega y otra cuentan con tiempo suficiente para elaborar sus escritos cuando la columna es semanal, pero les pasa a todos o a casi todos, incluido quien esto escribe, que se espera hasta el último día, a veces hasta unas pocas horas antes, para sentarse ante la página en blanco y buscar y rebuscar un tema, teclear apresuradamente las trescientas o cuatrocientas palabras, corregir a toda velocidad y enviar el mail para, por fin, respirar con alivio hasta la próxima entrega, hasta los próximos picos de tensión que se repetirán a medida que se acerque el impostergable final del plazo.
De ahí que procrastinar es más difícil que adelantar trabajo ¿O no?

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