Diciembre duele: la Navidad tras la pérdida de un ser querido

Navidad en duelo
Navidad en duelo

La Navidad llega cada año cargada de luces, música y expectativas. Se supone que es un tiempo de alegría, de unión, de abrazos largos y mesas llenas. Pero para quienes han perdido a un ser querido, diciembre no siempre es una celebración. A veces, es una herida que vuelve a abrirse. Una silla vacía que pesa más que cualquier adorno. Una ausencia que, aunque pasen los años, sigue latiendo con la misma intensidad del primer día.

En un reportaje que realice el pasado 28 de noviembre de 2024, converse con las especialistas en conducta Ann Benjamín y Claudia Moreno, quienes me explicaban que la temporada navideña suele reactivar recuerdos y emociones profundas.

“La Navidad despierta memorias que pueden provocar tristeza, así como la añoranza de todos aquellos que no pueden estar”, señalaban ambas psicólogas.

Sus palabras describen con exactitud ese nudo en la garganta que muchos intentan disimular mientras el mundo se ilumina a su alrededor.

Perder a alguien transforma la manera de habitar diciembre. Ya no se escucha igual la misma canción, ya no se espera con la misma ilusión una fecha que antes unía. El paso del tiempo no borra ese vacío: lo hace más suave tal vez, pero no menos real. La nostalgia se cuela entre los villancicos, y la memoria llega sin pedir permiso, recordando momentos que hoy duelen porque fueron felices.

Las expertas, en ese mismo reportaje del 28 de noviembre de 2024, subrayan que “afrontar los duelos es fundamental para poder dejar atrás las experiencias que nos marcaron de manera negativa”. No significa olvidar, sino aprender a convivir con lo que ya no puede cambiarse. Y también recomiendan evitar el aislamiento, porque alejarse del mundo solo profundiza la herida.

Quizá la Navidad, para quienes cargan una ausencia, pueda ser resignificada. No para reemplazar al ser amado, sino para honrarlo. Para crear nuevas tradiciones que lo mantengan presente sin que duela tanto. Para recordar que está bien sentir, llorar, extrañar, porque el amor que un día se recibió nunca desaparece del todo.

En una época que insiste en celebrar, es necesario recordar que también hay espacio para la tristeza. Y que incluso en medio de la nostalgia, podemos encontrar una luz tenue pero verdadera: la certeza de que lo amado sigue vivo en nosotros, aunque ya no esté a nuestro lado.

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