Luego de largos años de discusión, 25 para el Código Penal y formalmente 13 para el Laboral, los señores legisladores avanzan hacia su aprobación, ignorantes de los dos temas que han sido retranca: las tres causales para la interrupción del embarazo y la cesantía tal cual existe.
Vergonzoso, porque senadores y diputados, al escurrir el bulto, provocan insatisfacción y queda en el aire la pregunta de por qué tardaron tantos años para que la sociedad superara legislaciones que no responden a los nuevos tiempos.
No es satanizar ni tampoco simplificar. Ambos códigos han sido enriquecidos con temas trascendentes, pero es inexplicable que se hayan eliminado o desconocido consensos alcanzados en años de discusiones.
Obvio que era impostergable su adaptación a los nuevos tiempos, que es el razonamiento más recurrido, pero resulta un contrasentido haber hecho ahora lo que pudieron hacer mucho antes.
Sin que pretendamos subestimar ni otorgar mayor importancia a los reclamos, tanto de los defensores de cambios en la cesantía como los de la interrupción del embarazo en circunstancias específicas, nuestros legisladores no podían eludir, con tantos argumentos en sus manos, dos cuestiones:
Los patronos no están inventando ni pretenden perjudicar al trabajador cuando pugnan por una reforma transformadora que garantice la creación de más y mejores empleos y contribuya al crecimiento económico, además de los principios de equilibrio y sostenibilidad que el país requiere.
Y menos se puede ignorar que el tema de las tres excepciones que el legislador abortó en el texto (peligro para la vida de la madre, un embarazo por violación o incesto, malformaciones o inviabilidad del feto) es un fenómeno de salud pública que afecta desproporcionadamente a las mujeres más pobres, con lo que han dejado insatisfecha a una mayoría de la sociedad, a los médicos y a las mujeres.
Todavía la aprobación no es definitiva, y tanto el Código Penal como el Laboral requerirían ser refrendados por ambas cámaras, por lo que, ojalá, no haya espacio para más precipitaciones. Y, en caso de llegar hasta el Ejecutivo, su promulgación quede sujeta a que hayan recogido todos los consensos surgidos de los diálogos a los que durante años estuvieron sometidas sendas leyes.
Pero, si a la postre “pasan” truncas ambas piezas, que nadie pretenda reivindicar victoria ni éxito alguno.
