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Cada 30 de mayo debiera ser, para los dominicanos y para todas las personas comprometidas con la libertad de los pueblos, una fecha solemne porque es el aniversario del día en el que se comenzó a dejar atrás un tenebroso periodo de autoritarismo, persecuciones, torturas y muertes.

El ajusticiamiento del tirano Trujillo a manos de un grupo de conjurados que se jugaron la vida, basados en su convicción de que había que poner fin a esa etapa ignominiosa a la que estuvo sometido el pueblo dominicano, es un hecho trascendente para la historia del país.

Desde aquella fecha se inauguró el comienzo de una democracia que ha transitado por periodos difíciles y aun hoy no termina de alcanzar su plenitud, pero siempre será reconfortante recordarla como el inicio de una marcha irreversible hacia la democracia.

Alguien escribió una vez que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetir siempre los mismos errores, y más porque han existido desde siempre los que juegan a instalar el olvido.

A eso se suma que hay, por falta de conocimiento, de información, de educación y tantas otras carencias, una especie de confusa nostalgia respecto a los años de esa dictadura, como si hubiera sido una especie de época dorada para los dominicanos.

Nada más lejos de la realidad; el analfabetismo se extendía a más de la mitad de la población, las familias estaban expuestas al accionar de los informantes del régimen, los tristemente célebres “caliés” que estaban diseminados por todas partes y eran los oídos y tentáculos de la tiranía.

La libertad es una vocación irrenunciable de los pueblos, pero no es posible conservarla si no se está dispuesto a luchar por ella.

Es imposible el progreso colectivo sin tener la facultad de elegir, de trabajar, de reclamar derechos, de exigir que los gobiernos cumplan sus obligaciones, lo que no era posible durante los 31 años de oscurantismo.

Se cumplen hoy 62 años del ajusticiamiento del sátrapa, con la necesidad de que las nuevas generaciones tengan presente esa fecha, para fortalecer los cimientos de la democracia y continuar diciendo nunca más a todas las tiranías.

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