El liderazgo pedagógico (2 de 2)

El cambio de concepción de la escuela experimentado desde finales del siglo XX implica una nueva visión y práctica de la gestión, por lo que los directores no pueden solo funcionar como gerentes administrativos, a quienes se les pide la estricta aceptación y cumplimiento de las normativas establecidas, (Paradigma tradicional de la dirección escolar), sino que, en lo adelante, los directores deben ser o convertirse en lideres educativos que puedan impulsar y sostener el cambio para la mejora, influyendo en su personal y desarrollando las capacidades en sus docentes para mejorar la enseñanza y lograr más y mejores aprendizajes en todos los estudiantes” (paradigma actual del liderazgo).

Para comprender la esencia del liderazgo en el contexto educativo referimos la definición de Leithwood y Riehl (2009), quienes ven el liderazgo como “la labor de movilizar e influenciar a otros para articular y lograr las intenciones y metas compartidas de la escuela” (P.20). En este sentido, se trata de la capacidad de conducir las organizaciones moldeando las creencias, actitudes, motivaciones, comportamientos y prácticas de quienes están directamente vinculados al proceso de enseñanza y aprendizaje, a fin de lograr los objetivos educacionales.

De este modo, dentro de cada escuela individual, el liderazgo está llamado a contribuir con la mejora del aprendizaje de los estudiantes, al moldear las condiciones y el clima en el que se desarrolla la enseñanza. Es por esta razón que, como especifica la Organización para Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE (2003), aunque los niveles más altos del sistema educativo pueden brindar directrices de políticas para las escuelas, con frecuencia su éxito depende de las motivaciones y acciones de los líderes en cada escuela.

En su esencia, el liderazgo educativo está inherentemente unido al proceso de enseñanza y aprendizaje, por lo que pretender separarlo de estos procesos sería conceptualmente como dar un salto al vacío y despojarlo de su ser y su significado. Así pues, se trata de un proceso de influencia para la mejora de la enseñanza y el aprendizaje. En términos prácticos, el liderazgo implica el trabajo con los docentes, con el cambio de sus actitudes y creencias, y con su desarrollo personal y profesional, que es lo que antecede, fundamenta y hace posible que cualquier proceso de mejora de la calidad educativa sea exitoso.

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