La embajadora Francis Campos ha recibido reconocimiento y felicitaciones por su sincero discurso, centrado en la política exterior estadounidense, que rara vez permanece estable. Las expectativas son enormes: demostrar que su protagonismo no se diluye ante la magnitud de las responsabilidades que implica representar intereses estratégicos en un escenario global marcado por tensiones y rivalidades. La moda que rodea su nombre puede ser efímera, pero la verdadera prueba será sostener coherencia y capacidad. En un contexto donde los intereses de Washington y la mente de Trump cambian con la dirección del viento, Campos, sin experiencia diplomática, deberá mostrar firmeza para trascender las coyunturas.
