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Se ha dicho y procede repetirlo que la República Dominicana ha avanzado en cuanto a las precondiciones hacia un sistema educativo de calidad; pero sólo se trata de las precondiciones, lo cual no es sinónimo de la calidad que se espera y aspira.

No valen justificaciones sin fundamento. Lo más honesto y pertinente es aceptar la lamentable realidad de las grandes debilidades en calidad de la educación, lo cual tanto los estudios nacionales como los internacionales lo han puesto en evidencia en los últimos años. La dimensión, grado o alcance es otra cosa, pero quedémonos con lo fáctico. Llegamos a estar en el penúltimo lugar en calidad de la educación primaria en el mundo en el año 2013 y evaluaciones posteriores indican que seguimos muy mal.

Una respuesta a dicha realidad que no sea superficial, por simple, ha de tomar en cuenta los distintos factores que impactan la calidad educativa. Que como se ha dicho con el 4% del PIB como inversión en la educación preuniversitaria, una aún excelente ley de educación, constante avance en las condiciones de vida y trabajo de las profesores y profesoras, planta física escolar en constante mejoría, además ahora con estudiantes, profesoras y profesoras avanzando con los recursos para el uso óptimo de las Tecnologías de Información y Comunicación- TIC- . Es muy evidente que como se dijo, que se ha avanzado con las precondiciones.

El artículo 59 de la Ley de Educación 66-97 de forma magistral y con mucha vigencia, al referirse a los parámetros determinantes de la calidad de la educación junto a la o el docente refiere otros 12 parámetros.

Aun así es de consenso nacional e internacional el importante rol de las y los docentes.

Conscientes que la actual época de grandes avances en cuanto a los extraordinarios medios educativos que aportan las TIC hasta casi asegurar en una gran proporción el autoaprendizaje después de la alfabetización, el rol de la maestra y el maestro sigue siendo fundamental.

Lo que sí hay que reorientar radicalmente es ese rol. La y el maestro pasa a ser esencialmente un estratega del aprendizaje abarcando todas las competencias incluyendo la tan importante educación ciudadana y moral.

Existen dos componentes principales que inciden en las competencias del magisterio: formación y capacitación. La formación es la profesionalización y la capacitación se refiere a la actualización ya convertida hoy en educación permanente.

La Formación Docente desde la licenciatura hasta maestrías y doctorados es una de las principales distorsiones del sistema educativo dominicano, que demanda un reenfoque realmente paradigmático. Los costos financieros han sido enormes.

No aplazar más ese gran salto.

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