Gobernar lo cotidiano: la municipalidad dialoga

Luis Córdova
Especial para elCaribe

La convocatoria a un Diálogo de Alto Nivel transcurrió sin aspavientos y, sin embargo, colocó sobre la mesa una de las cuestiones más profundas y menos visibles de nuestra vida republicana: cómo gobernar lo que ocurre cada día, en medio de demandas crecientes que conectan las políticas sectoriales con las expectativas concretas del territorio y de sus ciudadanos.

“Gobernar lo cotidiano” no es una frase retórica. Gobernar, en democracia, es un pacto. Lo cotidiano, del latín quotidianus, evoca cuán profundo es ese sentido de recurrencia en las almas cristianas: aquel mensaje del Cristo en la oración que legara a su fe: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Nos recuerda que la dignidad se mide también en lo habitual: el agua que sale por el grifo, la basura que se recoge, la calle que no se inunda, el alumbrado que no se apaga. Ese es el territorio donde el munícipe ejerce su “derecho a la ciudad”.

En ese espacio se escucharon dos voces necesarias y complementarias: la voz rectora y ejecutiva de Víctor D’Aza, presidente de la Liga Municipal Dominicana, y la vigilante y experta de Juan Castillo, director ejecutivo de Fundación Solidaridad. No fue un debate de confrontación, sino un ejercicio de honestidad intelectual para entender por qué, a menudo, la ley y la realidad parecen hablar idiomas distintos.

El diagnóstico que presentó la Liga se distinguió por su franqueza. Hay avances notables en los últimos cinco años, pero persisten brechas brutales que ni la mejor voluntad de un alcalde puede cerrar por sí sola. Mientras algunos municipios han logrado estandarizar servicios y modernizar su gestión, otros siguen desbordados por las demandas más básicas. La falta de conocimiento técnico y la ineficacia en la ejecución siguen siendo males comunes.

Desde la sociedad civil se exige, con razón, estándares internacionales. Pero también se reconoce que la cultura contributiva y de corresponsabilidad ciudadana continúa siendo frágil. La percepción de los servicios municipales suele estar lejos de lo que manda la ley. Esa es la paradoja central: aspiramos a ciudades de primer mundo con mentalidad de improvisación.

Moderar este diálogo fue una experiencia enriquecedora. Dos expertos abordaron con profundidad la agenda presente y futura de lo municipal.

Lo más valioso fueron las miradas hacia adelante. D’Aza insistió en que el mayor reto es la gobernabilidad: que el ejecutivo municipal supere el interés personal o partidario para generar acuerdos, establecer prioridades y alcanzar de manera mancomunada los objetivos. Por su parte, Juan Castillo llamó la atención sobre la necesidad de que la Liga Municipal Dominicana asuma el liderazgo desde el Estado de la participación ciudadana, especialmente ahora que las modificaciones recientes en el esquema de Hacienda amenazan con dejar un vacío en la planificación territorial.

Finalmente, tres ideas quedaron resonando con fuerza ante un auditorio atento: la ley es una herramienta viva solo si la ciudadanía la empuja; los recursos del Estado son estériles sin capacidad de gestión en el territorio; y el desarrollo de nuestras ciudades se mide, en última instancia, en la dignidad de sus servicios mínimos.

Desde el público, Denis Mota —presidente de Fundación Solidaridad— asentía ante muchas de las reflexiones compartidas. No era casual. Tres décadas de trabajo de la entidad convocante respaldan su empeño por construir una sociedad más justa, solidaria y democrática a través de la formación de ciudadanía y la incidencia en políticas públicas.

Gobernar lo cotidiano exige diálogo constante. Porque cuando falla la municipalidad, la democracia comienza a deteriorarse desde cualquier esquina.

Posted in OpinionesEtiquetas

Más de opiniones

Más leídas de opiniones

Las Más leídas