Invertir para recuperar vuelos y turistas

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Uno de los problemas actuales en la industria turística mundial, es la carestía de aviones por la dejada en tierra del nuevo modelo de Boeing que presentó algunas fallas que provocaron accidentes. ¿Cuántos están esperando autorización para volar nuevamente? ¿Cuánto tiempo tardarán en despegar de sus estacionamientos?
No lo sé, pero lo que sí puedo afirmar que esta situación es un factor negativo que afecta mucho más a los destinos turísticos como República Dominicana que es una isla y no tiene otro tipo de medios de transporte para el turismo.

Uno de los efectos inmediatos de la crisis provoca por el alboroto mediático de junio y julio pasado, principalmente en la prensa de los Estados Unidos, es la pérdida de vuelos. Delta Airlines, por ejemplo, canceló recientemente unos 20 vuelos semanales a Punta Cana.

La información que he obtenido confirmada en fuentes oficiales, es que en septiembre pasado, Punta Cana, que es el aeropuerto con mayor movimiento del país, reportó más de 80 vuelos menos en comparación con el mismo mes del 2018 en que aterrizaron 1,389 aviones.

Una de las preguntas más escuchadas en el trimestre-julio septiembre es qué hacer, además de un consistente programa de publicidad y relaciones públicas para contrarrestar los efectos del artificial escándalo mediático.

Sabemos que la agencia de comunicación del Gobierno y MITUR en los Estados Unidos tiene lista una campaña que correrá principalmente en los Estados Unidos con vista a la próxima temporada de invierno. También que el sector privado se prepara para hacer lo mismo en coordinación con el proyecto oficial.

¿Pero, se puede hacer algo más? Las acciones emprendidas en España para contrarrestar los efectos de la quiebra de Thomas Cook, han llamado la atención. El incentivo temporal a los transportistas aéreos, una actividad de alto valor estratégico para nosotros como isla, puede ofrecernos algunas oportunidades para atraer de nuevo más vuelos y disponer de asientos.

Aunque desde el Gobierno se ha reportado una disminución de los ingresos, debería considerar una reducción significativa del impuesto al combustible de avión, uno de los componentes más elevados, y en las tasas aeroportuarias, para abaratar los costos de las aerolíneas e inducirlas a volar a nuestros aeropuertos.

En los últimos 20 meses el impuesto al combustible ha rondado los 26 centavos de dólar por galón. El costo es alto porque los vuelos de mediana y larga distancia (Suramérica, Europa y parte de Canadá y Estados Unidos) consumen miles de galones. A esto se suma los impuestos aeroportuarios (que se disfrazan de tasas), que aportan US$62 por pasajero, incluyendo la tarjeta de turista.

Una reducción de un 50% en estos impuestos, combinado con nuevos acuerdos de promoción compartida con aerolíneas y turoperadores de mercados seleccionados, en el trimestre noviembre-enero podría contribuir a regresar más rápidamente a la senda del crecimiento. Los 208 mil turistas menos recibidos en los meses junio-septiembre significaron una reducción de unos US$15 millones en los ingresos por estos conceptos. Invertir 8 a 10 millones de dólares para atraer vuelos y motivar las ventas de los turoperadores podría hacernos un poco más atractivos para estos importantes socios de nuestro principal negocio que es el turismo.

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