No existe ser humano sobre la tierra que esté libre de la Economía. Puede creer que no la entienda como ciencia, ni a los economistas cuando hablan. Pero sin darse cuenta, prácticamente todos los días de su vida, y desde que el mundo es mundo, aplica sus principios básicos: cuando elige entre comprar un producto u otro, contratar a esta persona o a aquella, levantarse a producir o quedarse en su casa.

Elegir implica renunciar, porque somos insaciables a la hora de necesitar, y no hay recursos para tanto. En este “elige y renuncia” se la pasa el pobre cuando va al colmado, y decide si ese día bebe cerveza o lleva comida a su casa; el no tan pobre cuando decide irse de fin de semana o celebrar su cumpleaños; y el millonario cuando decide entre comprar un periódico y tener poder mediático, o invertir en algo que no lo vuelva “influyente”, pero le deje más.

No necesariamente tiene que involucrar dinero para que una decisión sea económica. Es el caso, por ejemplo, del operativo que llega a un campo de batalla, cuando los médicos y enfermeras eligen hacer el mejor uso del “poco” tiempo que disponen, salvan a los que tienen mayor posibilidad de sobrevivir, y abandonan a su suerte a los moribundos.

De lo que se trata, pues, es de lidiar con la escasez.

En el paraíso, Adán y Eva tenían a su alcance todo lo que necesitaban. No tenía sentido hablar de Economía. Pero como del paraíso los echaron, hubo que ocuparse de estudiar las consecuencias de nuestras decisiones sobre el uso de recursos escasos. Y de observar qué nos mueve a crearlos…qué nos motiva y qué nos desalienta

Como bien lo explica Thomas Sowell en su Economía Básica, esa forma en que la gente y la sociedad en su conjunto deciden y se mueven hacia la prosperidad o hacia la pobreza, es incluso más importante que la cantidad de recursos en sí. Así vemos, por ejemplo, países pequeños y sin muchos recursos naturales, como Japón y Suiza, mucho más ricos y desarrollados que otros con más.

Suficiente nunca habrá, pero hay individuos y sistemas que logran mucho más con lo que hay. A esto se le llama eficiencia. Y alcanzarla implica que la gente viva mejor. Por eso es cosa seria la Economía.

Se supone que los economistas están para ayudar a los gobernantes a implementar medidas para lograr esa eficiencia y mejorar el nivel de vida de la gente. China se dejó llevar… y se volvió capitalista. Esto significó que cientos de millones de chinos dejaran de ser pobres.

Ojalá los gobernantes en República Dominicana se rodearan siempre de economistas como los que llevaron a China a lo que es hoy.

De esos que saben asesorar hacia la eficiencia y el mayor bienestar, que comprenden muy bien lo que son los incentivos en el ser humano (y distinguen entre el sistema que los motiva a generar riqueza, porque se lo facilita, del que los vuelve parásitos de asistencias). Y no de ilusos que todavía siguen creyendo que el socialismo funciona. Ni de otros que simplemente les dicen lo que quieren oír, con tal de que los sigan contratando.

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